martes, 15 de septiembre de 2009

argentos

El diego los tiene al borde del ataque de nervios.
Se les escapa a Europa.
Pero así son los argentinos.
Van a ir al mundial, obvio
Ya pasaron paraguay y brasil, viene perú
van al mundial
pero lloran, lo sufren
es interesante
pero así son

te sacan un campeón

quebró a federer
al tope de la frustración
bombazos a la esquina
uno tras otro
cero compasión

y los golpes del mejor tenista...
de la historia...
lucieron débiles


inspirado


inspirador


tendrán mundial
y ya desde antes
un campeón

domingo, 23 de agosto de 2009

para todos los enfermos

Momento extraño vive la Argentina. En las calles gente vive sin techo -como en el resto de latino américa-, pero si alguien tiene la fortuna de tener un techo, y una tele, puede ver todo el fútbol de su país. Adiós a las pomposas transmisiones de Fox Sports, adiós a los adornados programas de primera que solían acaparar el rating de la noche del domingo. Adiós a la codificación.

Hay sacrificios; esos planos increíbles que en formato cine generaban imágenes de la fiesta especial, y guerra campal que es el fútbol argentino, no se volverán a ver. La producción que solía acompañar las transmisiones de TyC, terminada. Los comentaristas a los que el Argentino y el extranjero se habían acostumbrado, relevados de sus cargos.

Para bien y para mal. Siempre hay unos que no soportamos, otros que nos gustan. Ahora habrá que ponerle cuidado a los nuevos que vienen y reescribir un nuevo escalafón. Regresa, Marcelo Araujo, un grande que será divertido escuchar de nuevo. La primera voz que alguien que tuvo sus primeros contactos con el fútbol argentino en lo 90's escuchó. El referente conocido de esta nueva etapa de transmisiones.

Una sensación extraña se vive en el ambiente, de que por un lado está bien que el fútbol sea para todos, y por otro, se vuelva el terreno para que un Gobierno impopular se haga a muchos amigos a nivel de rutinas. Las rutinas del viernes, del sábado, del domingo, todas, afectadas cuando hay torneo.

Imagino familias que perderán tiempo de calidad.

Antes el juego iba por TV cerrada. El hombre podía ir a comer un helado con su familia; la chica podía ir a ver teatro con su novio, o pasar tiempo sola, o con él en un parque. Ahora, el hombre/mujer está enfrentándose con todo el fútbol que pueda soportar, y eso es algo difícil.

La familia tendrá que apoyarlos, a ese hombre y mujer argentinos; los amigos, a ese estudiante extranjero. El entorno tendrá que apoyar a los amantes del fútbol, apagandoles la tele de vez en cuando, sacándolos al parque, haciéndolos respirar. O sentándose a ver fútbol con ellos.

Del lado del grupo Clarín, dueño de los derechos -hasta que el contrato que codificaba ciertos partidos se rompiera-, hubo actos desconsiderados que hacen pensar en que era necesario replantear el negocio. No sé si de la manera en que se hizo, pero...

No es bajo ninguna óptica social justificable que un partido como la final del torneo pasado, jugado en un marco de emergencia relacionado a la Gripe A, fuera codificado, obligando a la gente a desplazarse, reunirse, arriesgarse.

No soy partidario de las codificaciones, pero es normal que sean una consecuencia de los negocios televisivos. No las comparto, pero cuando se juega con la gente, cuando se olvida totalmente a la gente, la línea tiene que dibujarse, paso de no compartirlasd a aborecerlas.

El Gobierno entendió que tenía que aprovechar este abuso, lo venía avisando. Lo ejecutó. Baño de popularidad, y tardes cargadas de 10 partidos. Todo bien, pero todo mal. Al menos hay fútbol.

martes, 28 de julio de 2009

Vargas Sin Pantano

En sus últimos años en Argentina los vi jugar a Falçao y Vargas en sus estadios locales.
Se despidieron -en este torneo final- sin títulos, pero dejando porte en los equipos más grandes de Argentina.



II- Vargas

El partido en que me tocó visitar la Bombonera, "contra toda mi voluntad", fue en el que perdió su clasificación a cuartos de final de la Copa Libertadores 2009. Esto no fue grave a mis ojos, no guardo sentimientos pro-boca en mi corazón.

Corrimos, corrimos los 8 pisos de escalones, estábamos tarde y no podíamos perdernos la salida de los equipos. No podíamos, pero nos la perdimos. Entre el 5to y el 7mo piso se hacía sentir el poder de "la doce", del otro lado del muro, cantando y saltando; nosotros seguíamos subiendo y subiendo. Yo muerto, luché los últimos 10 escalones animado por el hervidero sonoro.

Y llegamos. Justo al lado del tablero eléctrico encontramos dónde sentarnos, pero separados. La pareja por un lado, Daniel por otro, y yo por otro. Los equipos recién salidos, show de sonido humano, luces de pirotécnia de alto decibel. Muchos PAPAPAPP ¡PA!

Boca Juniors no corrió con la ayuda del juez. Este no pitó ninguna falta rara en el área. A Boca Juniors su rival le anotó un gol, y luego, lo fue devorando poco a poco, a punta de energía y disciplina. Boca Juniors lució desdibujado, se encontró con un arquero sólidísimo, y se diluyó en la no generación de ideas. Nunca rompió a Defensor.

Defensor nunca perdió el norte. Siempre enérgico sacó el partido adelante. Muchos jugadores tuvieron un nivel notable, muchos mostraron muchas ganas y corazón. En Boca, el caso no fue el mismo.

Un jugador lució entonado. Tuvo ganas de ganar más que de sobrevivir el partido. Corrió más, subió, bajó, defendió, atacó. Jugó su último partido de Copa de su ciclo con Boca Juniors. Vargas, el colombiano. Desde que jugó con América de Cali no lo había visto en una estadio. Esa noche en la Bombonera resaltó en un Boca carente de cohesión. Se escuchaba "es Vargas y 10 muertos", y con razón.

De lejos, lo vi. Pero me gustó lo que vi. Me dejó la imagen de un incansable, un mordelón, un inteligente. Y fue satisfactorio que en medio de una dura e inesperada derrota en casa, los miles de hinchas de Boca, con quienes poco tengo en común, pensaran igual.

Falçao Garcilazo

En sus últimos años en Argentina los vi jugar a ambos. Se despidieron -en este torneo final- sin títulos, pero dejando porte en los equipos más grandes de Argentina.

I- FALçaO

Lo fui a ver en el Clausura 2009, el partido fue River-San Martín de Tucumán (hoy descendido a 2nda). Fue un juego de bajadas y subidas. El rival, visitante en cancha de River, venía por primera vez a jugarle en Buenos Aires, y trajo gran cantidad de público entusiasta: de ese que viaja hasta 1000 kilómetros para ver el juego y luego 1000 para volverse a la casa.

Temprano se fue arriba; una pelota quieta seguida de un cabezaso, y luego una desviación de un defensa terminaron generando un grito fortísimo de gol. Toda la popular norte, pintada de blanco y rojo, gritó gol. Repito, Fortísimo. El 90% del estadio silente.

San Martín 1 - 0 River. Hacía calor, y pagué 70 "mangos", pero ahí estaba la escena montada, el regreso, el voltear el partido. Pensaba en mi hermano menor y me venían lágrimas bonitas. Esto hoy no terminaba así. Sin embargo, hasta ese punto River lució desdibujado, poco claro. Cero inspiración.

San Martín jugó un primer tiempo impresionante, y debió meterla más, pero no la metió más. La inspiración no alcanzó para cubrir definición. Ya sabemos qué pasa cuando estas condiciones se dan. Así era el fútbol ese día, así es hoy, y así va a ser mañana.

El local venía de salir último la temporada anterior, y con el marcador en contra la despedida a camerinos en el medio tiempo no fue cariñosa. Las puteadas fueron visibles incluso. Palabras duras, gesticulaciones de todo tipo, jugadores cabizbajos. Todo un panorama. Primer partido en River. Jugadores puteados.

Al lado mío un mono sueco hablaba con su familiar argentino, la experiencia era extraña. Le conté a un par de argentinos que era colombiano, que era mi primera vez en este estadio. Hablaron maravillas de Falçao. Se vino el segundo tiempo.

Las condiciones parecían haber cambiado, había más actitud, más cohesión. River avanzó, comenzó a jugar hacia el gol, si bien, el gol no llegó. San Martín, cansado se la jugaba por aguantar y contra golpear. Tuvo mucho que ver Falcao, en este River que trató. El tipo sabía dónde pararse, cómo pasarla para avanzar. Solía hacer fluir el juego en vez de frenarlo.

La inspiración muchas veces lo le alcanzó para cubrir la definición.

Debió entrar Gallardo para que River pudiera empatar el partido. Minuto 32 del segundo tiempo. La gente lo gritó a rabiar, se desató. Luego, empujado por su gente el local empezó a jugar más suelto, pero el reloj estaba encima.

Y al minuto 45, falta en el área. Penal para River. Ahí estaba el juego. Gallardo estaba en el terreno, pero el penal lo tomó FalÇao. Se había jugado un partido de sacrificio, le habían cometido el penal.

Lo cobró bien. Penal bien cobrado es el que entra. Corrió mucho, y besó el escudo del club frente a los puteadores de un tiempo atrás. Estos, enloquecidos celebraban. Así era el fútbol ese día. No le decían León porque definiera con filo, más bien por lo que dejaba en la cancha.

martes, 21 de julio de 2009

EL marketing Escarlata

Al Pascual Guerrero llegaron los hinchas que tanto habían convocado el cuerpo técnico y los jugadores. Después de todo cuando el sueldo de unos cuantos meses no llega, y comienza a sentirse profunda angustia monetaria; hay que recurrir hasta a lo extraño para revertir la situación.

Llegaron unos 36.000: representaron apoyo, representaron un marco lindo para el clásico contra el Atlético Nacional, y representaron dinero para el club, sus técnicos, sus jugadores.

La tendencia la empezó Diego Umaña, que ya tiene a su haber un título, y de paso un repertorio de comportamientos bizarros que le permiten cruzar fronteras que otros técnicos no se atreverían a cruzar. Esta vez apeló a la gran frase "le va la madre si no llenamos el estadio".

Este hecho contagió a sus jugadores, que más moderados, trataron de promover la causa. "El Pascual se ve lindo cuando está lleno", dijo Paulo Cesar Arango a través de los medios masivos.

Las indirectas de incentivo a la hinchada vinieron también de otros jugadores, quienes a pesar de haber visto el Pascual lleno en época de finales, saben que cuentan con una hinchada mal acostumbrada a ganarlo casi todo en poco tiempo. Una hinchada ingrata. No hay por qué, hasta ahora, llamarla de otro modo.

No por nada Umaña les mandó "la madre" si no apoyaban.

La parcial escarlata cuasi llenó las tribunas del Pascual, pero hay que anotar el hecho de que, a pesar de los titulares de prensa según los cuales la hinchada había cumplido, el reto viene luego. Un partido contra Atl. Nacional implica siempre una convocatoria grande, aunque hay que anotar que llevaba tiempo sin una entrada de este calibre. El marketing funciona.

Vendrán partidos contra rivales de menor implicación "clásica", donde se verá que tipo de apoyo reciben los rojos de Cali, apoyo de verdad. Es un equipo grande, pero por el momento, a la hinchada aún le quedan cosas por probar como para que los medios canten victoria, y la devuelvan a su posición de confort.

El partido terminó 2-2. Empate en casa contra un rival eterno. Y ese resultado puede ser el que determine asistencias futuras. Veremos pronto si el escepticismo resulta infundado, o si de verdad estamos viendo nacer frente a nuestra narices la hinchada que un trece veces campeón merece tener en casa.

Todo, gracias al poder del marketing directo.

viernes, 10 de julio de 2009

Ida. Final de Copa. Estadio Único de La Plata.

La salida de los equipos al terreno fue intensa, digna de una final de Copa. Humo albirojo cubrió rápido todo el campo, mientras una corneta estallaba desde los altoparlantes. Y desde lo más alto del estadio un juego de luces aprovechaba el humo provocado por la hinchada. Sonido, locura, luz, color.

Luego 90 minutos y un 0-0.

La hinchada del "león", contra toda lógica, salió del estadio primero: 40.000 pinchas hinchas primero que 500 "torcedores" de 'Zeiro. No debe sorprender, si algo caracteriza a la Libertadores -entre otros torneos de envergadura- es que hay pequeños detalles que la organización planea con el exclusivo fin de joder a quien llegó de afuera a apoyar a su equipo.

Este fue uno.

Ni con el frío se desdibujó de los rostros azules el calor de haber sacado un resultado positivo. Por el contrario. Del otro lado, la parcial de Estudiantes se marchó en silencio, con una resignación enmarcada en la esperanza de repetir la hazaña del centenario, pero reconociendo esta vez enfrentarse a un equipo más fuerte y peligroso en frente.

El partido tuvo un desarrollo extraño. Ninguna escuadra pareció controlar los hilos del partido, pero sí hubo individualidades de tremenda relevancia, en especial Fábio. "O melhor golero do Brasil", según sus torcedores, sacó tres pelotas de enorme dificultad, y aplomó al resto de su equipo desde atrás.

Estudiantes vio como su hinchada se prendió, luego apagó en las tribunas, mientras en el terreno Fábio apagó los incendios que provocaron los más punzantes ataques. Si bien el partido no fue dominado completamente por ningún equipo, sí mostró a un Estudiantes aplomado en momentos específicos. Se hubiera podido ir arriba, y no hubiera sido injusto.

Por eso Fabio fue tan importante. Sus intervenciones mantuvieron callado el impetu de Estudiantes y el de su gente. Estudiantes no dominó, pero tuvo llegadas de desequilibrio, de esas jugadas que se pueden, concretar o no, de local o de visita.

Cruzeiro tuvo un comportamiento controlado durante 70 minutos del partido; apostó a controlar atrás y proponer salida rápida en contragolpe, sin mayor suerte a lo largo del partido. Hacia el final, empezó a moverse, y con más piernas que su rival -que se vio empujando durante los 70 iniciales- pudo encontrar espacios que antes veía cerrados.

Tuvo en los pies de Kléber la jugada más clara del juego, inexplicablememnte perdonó rematando mal una pelota que rebotó en frente del area chica tras rebote de Andújar... así la serie sigue abierta.

Vale la pena recordar una jugada increíble de Ramires, que desde mitad de cancha se llevó unas cuantas marcas en una jugada que por poco desequilibra.

La serie está abierta y la final se jugará en un Mineiráo a reventar. El ambiente está dado para la consagración del rico fútbol de Cruzeiro o la aplicación y letalidad de Estudiantes. Ambas podrían prevalecer.

domingo, 5 de julio de 2009

No soy argentino, no nací en Parque Patricios, y no soy hincha de Huracán, pero...

Entre más voy al barrio, más me gusta. Lo escogí porque quería montarme al bus distinto, de un barrio de nombre bonito, y menos turístico que los que usualmente recorro aquí... y también, confieso, porque quería estar del lado de toda esa gente que, como yo, llevaba años sin celebrar un campeonato de fútbol.

Me ha costado, me requiere estar atento, y ser abierto. Me doy cuenta de que es un barrio especial: es de arraigo, de sufrida, de "machos", de costumbres. Olvidada, quizás... Me cuesta trabajo la conexión, más por culpa mía que por la gente, excepto cuando apelo al lenguaje del fútbol.

Pagué el precio. Hoy, la camiseta que me puse en el corazón tenía un globo pintáo, y perdió el título cuando faltaban unos 6 minutos de juego. No debería sentirme así, después de todo como me dijo un semi ebrio argentino hoy, al reconocer mi acento extranjero: "vos no sos hincha de Huracán".

No lo soy soy, pero lo adopté como mío. No lo soy, pero lo siento, más de lo que imaginé posible.

Al tiempo en que me dijo esto, un anciano que salía de la pizzeria El Huracán me preguntó "¿de dónde sos?". "Colombiano", respondí. "Es un gusto tenerte aquí", replicó y me abrazó. Me invito a sentarme en su mesa para el segundo tiempo, la mesa que había protegido desde las 12 de día. Osvaldo, una persona así, me hace suspirar triste.

La pregunté cómo había celebrado en el 73. "Es una larga historia, ya te la contaré. Te digo que ese título le celebré con mi hijo, y mi hijo ya no está conmigo". El corazón se me hizo chiquito y le agradecí su sinceridad. El tipo tiene un corazón gigantesco. Después de saberse perdedor, caminó lento... Se alejó, y no sé si lo vuelva a ver.

Me dijo "cuando juegue Millonarios, estaré de corazón con ellos".
Para alguien que, como yo, no sabe ya siquiera si seguir a su equipo, eso resultó gratificante.

Osvaldo merecía este título. También Rafael, con quien vi el primer tiempo. Me contó que su "viejo" había fallecido hacia un año, y que nada le hubiera gustado más que compartir ese momento con él. Cuando Monzón (figura del juego) tapó el penal que mantenía el título, me dijo "le pedí al viejo ayuda, y mirá con la que me salió!"

Yo me perdí la fiesta de la que quería ser partícipe, ellos perdieron su segundo título en la historia y una celebración sin precedentes. Entendí como la simpatía se crea entre hinchas. Persona a persona, experiencia a experiencia. Sin importar edad, credo, si va a doler o no.

El segundo tiempo fue difícil. Mezclado ahora entre la hinchada que cada vez sufría más, yo sufría más. Sabíamos que cuando se tiene algo que perder no hay lugar para la resignación, y a un gol de ganarlo o perderlo todo, el ritmo cardíaco sufre variaciones críticas. Todas las personas que estaban en la pizzería, viendo el juego, o fumando impacientes afuera, estaban al borde de un ataque de nervios.

A minutos 39 cayó el gol de Vélez. Polémico, mal validado. No hubo tiempo de resignación, se alentó al equipo durante los minutos que quedaron, pero el daño estaba hecho. Después de un incidente de balones escondidos, y unos minutos de extra, el título se quedó en Liniers.

La cara de la gente, la sensación de que había sido una derrota injusta, crearon un ambiente desgarrador.

A las 15, justo antes del partido, se sentía un silencio concentrado, se escuchaba solo el sonido de las aves. Se veían banderas con la H roja en muchas casas. A las 16:30, en restaurantes del barrio, el clima era el de una caldera cargada de emoción y terror. Gol anulado, penal tapado. Podía funcionar. O no. A las 18:40, solo el motor de los colectivos parecía irrumpir en el ambiente sombrío del barrio. La fiesta en el parque cancelada, la espera por otro título más, prorrogada... 36 años y contando.

Ni las causas que adopto logro sacar adelante. Mi cábala será de aquí en adelante no decepcionar a otros, ni decepcionarme a mí. Renunciaré al fútbol.

...al menos por dos meses...

viernes, 3 de julio de 2009

Viernes 3 de julio. Parque Patricios. Entrena Huracán.

Desde las 16 el club atlético Huracán se entrenó en su fortín, el palacio Ducó. Juegos de toque de primera intención en espacios reducidos caracterizaron una sesión que contó con la presencia de público y medios de comunicación.

La concentración del equipo parece funcionar de cara al partido, los ánimos lucieron festivos y se sintió por parte de los jugadores una alegre serenidad. Puede ser risa nerviosa.

Mágico para los asistentes resultó ver a Javier Pastore bajar y subir muchos balones con los hombros, a DeFederico en su baja estatura lucir grande por sus movimientos, al imponente Eduardo Dominguez jugar de media punta.

Los cobros de tiro libre del maestro Gonzalez no pasaron desapercibidos, ni tampoco la actitud de Arano, motivando con actitud al grupo. Fue campeón, y sin dudas quiere volverlo a ser con este equipo.

Algunas hinchas esperaron a los jugadores a la entrada del túnel. Toranzo, Goltz entro otros firmaron muchas camisetas. Un hincha le dijo a Monzón: "somos campeones, ¿no?", a lo que respondió "esperemos que sí", perdiendose luego en el túnel.

Mario Bolatti fue el último en dejar el terreno. Disciplinado y talentoso, para la posición que juega tiene piernas atípicas: largas, relativamente flacas. Esto sólo le da más alcance, y, sabiendo dominarlas, le permite jugar de manera especial. Pisando el balón, con gracia. Es un fuera de serie, que con mucha dedicación encaró el último de los entrenamientos a puerta abierta que tendrá el equipo.

Se viene la final el domingo, y el globo está lleno de ganas, de no contraer ninguna gripe y salir campeón.

jueves, 2 de julio de 2009

Los hinchas del globo y las cábalas para evitar “pinchar”..

Al frente de la tienda oficial del club, sus espesas gafas se pierden en las camisetas que dispuestas reposan en vitrina. Luciano tiene 76 años y es socio vitalicio, vino a averiguar sobre las entradas disponibles para la final del domingo. Parece un niño, y sonríe cuando se le pregunta sobre Huracán, y las cábalas que siguen los hinchas para influir en el resultado.

“No tengo ninguna”, responde, “a menos que no cobrarle a mi hijo la entrada que le compro, si ganamos, clasifica como cábala”. Luciano es un caso atípico de hincha del globo, que a diferencia de otros miles, dice no tener cábalas mientras sigue al equipo.

A horas de la gran final del futbol argentino, dos hinchadas disputan una lucha
contra el tiempo y el destino. Las elecciones legislativas atrasaron el encuentro que definirá el campeón, pero la espera es cada vez más corta. En la antesala al juego, ningún hincha del globo quiere romper su rutina exitosa. Esa que directa o indirectamente, con o sin emergencia sanitaria, ha llevado al club a lo más alto de la tabla a una fecha de apagar las luces del clausura 09.

Alberto supo que su destino este año era no ir a la cancha desde la 7ma fecha, cuando Huracán goleó en el Ducó 3-0 a Lanús. No se arrepiente: “si funciona hay que mantenerla, y esta ha funcionado”. Siguiendo la regla no escrita de los técnicos sobre como “a equipo que gana no se le toca”, los hinchas juegan su propio partido interno con sus propios elementos que balancear.

Cacho, de 70 años, sigue a Huracán desde que de niño, caminando por Avenida Caseros, vio el estadio a lo lejos y se enamoró. Este año su rutina ha sido muy específica. Desde que se supo candidato a celebrar título, todas sus visitas a la cancha tienen un patrón de comportamiento calcado: las mismas 4 personas van a la cancha en el mismo auto, tomando las mismas calles y asistiendo a la misma tribuna.

Su nieto tiene 10 años, es fanático enfermo del globo, pero para su mala fortuna, la cábala del abuelo le impide acompañarlo a la cancha. Rompería el ritual, y podría costarle muy caro. Nadie quiere perder al amor de su abuelo. Por su parte Pepe, hermano menor de Cacho y miembro del club de 4 pasajeros, dice que jamás lleva la camiseta del club a los partidos, ya que cada que lo hizo contó con mala fortuna.

La costumbre de adquirir un lugar específico desde el cual ver el partido es algo religioso para muchos, pero se pone en riesgo cuando asiste mucho público. Es más fácil conservar el lugar cuando no va tanta gente, y cuando se gana y se aspira a un título va mucha gente. Este es un riesgo que hay que correr. Hay hinchas que cambiaron platea por la tribuna de Bonavena, y al cambiar la suerte de Huracán, establecieron la cábala.

Para Alfredo Néstor, quien emite la audición partidaria Globo de mi vida, las cábalas existen pero en el futbol de hoy no hacen mayor diferencia: “el fútbol de hoy es distinto, tener un mejor equipo no te garantiza ganar. Las características de juego, y el mismo balón influyen más que cualquiera de nuestros comportamientos como hinchas”.

Agrega que no tiene cábalas, pero que su mujer “se enrolla la misma camiseta en el brazo derecho cada que ve los partidos del globo”, y que desde que Cappa dijo que el fútbol de Huracán debía verse con elegancia, un compañero suyo viste un blazer de corderoy durante los juegos. Lo tendrá puesto el domingo, en la cancha o fuera de ella.

Periodistas partidarios evitan cubrir ruedas de prensa, por cábala. Gente deja de trabajar, por cábala. Si funciona, no lo toque. Implique lo que implique.

Familias enteras comparten el rito, así les implique separarse en un momento dado. Gustavo cuenta que toda su familia va a la cancha, y que con ella se encuentra allá, pero que el trayecto hacia el estadio lo hace solo, escuchando música para completar su ritual: “me mentaliza”. Comparte que uno de sus primos usa la misma ropa en todos los partidos: campera, gorro, pantalones, nada cambia. Eso sí, lava la ropa con la necesaria regularidad, en especial en estas épocas de emergencia sanitaria.

No es difícil imaginar que los hinchas de Vélez siguen sus propias cábalas, que en naturaleza no deben ser muy distintas. Incluso se puede visualizar a hinchas de San Lorenzo aplicando “anti-cábalas”, después de todo nadie quiere ver a su clásico rival celebrar. Lo cierto es que alguno saldrá ganador, y celebrará sus aportes psíquicos, y
alguien saldrá perdedor, y frente a la adversidad, podrá culpar a la Kriptonita.

miércoles, 1 de julio de 2009

1er turno al bate

No sé porqué demoré tanto en consignar el momento en que por primera vez pisé un diamante de béisbol como miembro de un equipo. De niño creo que lo soñé una cantidad, no recuerdo muchos sueños, pero ese sin duda lo tuve.

Tuvo que darse bien lejos de mi país de origen, en un territorio conocido por su fútbol. Tuvo que ser a unos meses de cumplir treinta años. Como en la película "The Rookie", solo que sin nadie que me hubiera visto jugar antes, incluyéndome. No al menos fuera del sueño, no afuera del parque donde con mis amigos de infancia jugábamos 2 contra 2, en el más romántico experimento beisbolero de la historia, no al menos fuera del patio donde con mi hermano nos lanzábamos pelotas y batacitos controlados.

Rodeado de gringos, en un equipo llamado Shankees, tuve mi oportunidad. En el último partido de la temporada muchos jugadores titulares estaban fuera de la ciudad y eso daba más oportunidad. En el 4 inning el coach me dijo que me preparara, que iba a jugar en left field. Se molestó con el left fielder porque dejó de atrapar una bola que parecía, y costó al equipo 3 carreras. El coach también sabía que yo necesitaba jugar, había un lema en ese juego sin implicaciones: "todos jugamos".

Y parecía surreal que algo así estuviera sucediendo. Yo, uniformado, con un bate en la mano, caminando hacia el círculo de espera. Me estiré, hice un par de swings de prueba. El equipo iba perdiendo y yo inicié el inning. El pitcher tenía unos 54 años, pero también uniforme y mucho más experiencia que yo. Había jugado algo en su vida.

Mis compañeros de equipo no sabían que esperar de mí, ni yo mismo. Tantos partidos en video juego para ahora tratar de conjugarlo real. Tres strikes son out loco, y ahora sí hay otros que esperan que hagas un buen trabajo.

El pitcher lanzó dos pitcheos duros, altos y afuera. Tontamente y con ausentes muestras de paciencia, hice swing a ambos. Sé que en especial el primer swing se vio mal, feo. Sin tiempo, sin ojo, sin nada. Pero mi suerte cambió por su animo de mandar cambio. Trató de tostarme adentro, pero le puse el ojo, y le puse bate. Salió elevado, corrí tratando de seguir el curso de la pelota, parecía un fly out.

Left field, estaba difícil ese día, y el jardinero la dejó caer. Perdí el curso de la bola, y llegue safe a primera. El lanzamiento desesperado hacia el primera base salió mal dirigido, la bola se perdió, y en mi primer at-bat de la historia, llegué a segunda base.

Anoté carrera dos bateadores después,
y pude cumplir uno de los deseos de infancia más arraigados:
vivir el béisbol desde adentro.

lunes, 22 de junio de 2009

Elecciones, fútbol y vida...

El primer torneo argentino que tengo la oportunidad de seguir paso a paso, se verá interrumpido una vez más. Las eliminatorias no tienen nada que ver, sí la política. Se llevarán a cabo las elecciones argentinas de legisladores, diputados regionales y nacionales, y por este motivo 15 días separan la penúltima fecha de la última, donde todo se decide. La impaciencia para un hincha de Huracán o Vélez va a ser algo difícil de manejar. Todo está por jugarse, el marco está listo, pero antes el país elegirá a sus dirigentes.

¿Qué es más importante? Sin duda el fútbol. Para los enfermos del fútbol. Pero no sólo para ellos. Las campañas siguen su curso, los debates tienen lugar, el ambiente se siente cubierto por un manto de incredulidad generalizada: en los políticos y en los partidos.

Me pregunto cuantos hinchas de Vélez o Huracán saldrán a votar motivados el 28. Los imagino simplemente esperando a que todo termine para enfocarse en el partido más grande del torneo.

Desde el 73 el Globo no sale campeón, se ubica en lo más alto de la tabla, mirando de reojo a su próximo rival, Vélez, que a un punto se ubica. El juego que se viene es una final clásica, enmarcada por la circunstancia y la suerte, en un torneo corto todos contra todos. La divina providencia escogió que para la última fecha se encuentren los únicos dos actores vivos de la historia. No pude pedir mejor escenario. En cancha de Vélez, todo o nada, campeonato para uno, o para el otro. Alguien da la vuelta.

La tarde en que Colombia perdió 1-0 contra Argentina, asistí a un asado de la mutual de veteranos del club Huracán. Ha sido de las experiencias más bonitas de mi vida por la gente que encontré y por como me trató. Puedo decir entonces, que he estado en el barrio del Parque de los Patricios. Me he dado cuenta de que es un club especial. No tiene triunfos numerosos para dárse crédito. Se describe como un sentimiento fuerte, pero familiar. Es gente que está viviendo esto como un sueño, y por esto espero que Huracán se lleve el trofeo. El sexto grande necesita de su segundo título. Su gente lo necesita más que la gente de Vélez, que hasta Libertadores ya ha celebrado.

Lamentablemente, en medio de las fiestas siempre existen los malos tragos. Mientras ayer los jugadores derrotaban 3-0 a Arsenal de Sarandí, sectores de la hinchada se agredieron. Repito, sectores de la misma hinchada de Huracán se agredieron y provocaron una ola de violencia que continuó afuera del estadio, con el horrible resultado de dos personas muertas. La fiesta del club, que en la cancha orquestaban los jugadores, se veía empañada por la conducta asesina de desadaptados. Se dice que eran ladrones, que habían entrado a la cancha para "afanar". Fueran lo que fueran, entraron, arruinaron lo que era una tarde para la familia que es el club y terminaron con la vida de dos personas.

Sí, hay muertos. Y hay elecciones. Temas, inseguridad, etcétera.

Pero Huracán es puntero, y se enfrenta a...

Vélez ganó su último título en el año 2005. El equipo que dirige Ricardo Gareca demuestra una personalidad tremenda: sostuvo un invicto supremamente largo, perdió pocos juegos y volteó muchos resultados. En la fecha de ayer, con un hombre -importante- menos, logró empatar el partido en Lanús contra Lanús, hasta ese momento tercer candidato al título. Lo eliminó de la lucha y se estableció en la posición que cualquier equipo sueña: debe ganar en su cancha para ser campeón.

El deporte, la sociedad, la vida no dejan de entremezclarse casi harmónicamente. Alegría, tristeza, victoria y muerte. Y en el medio, elecciones.

Aguante Huracán.

domingo, 26 de abril de 2009

¡Apología a la compensación!

La magia analógica del fútbol es que de muchas maneras representa la vida, demuestra el valor del trabajo en equipo, el resultado del trabajo duro individual y colectivo, la naturaleza exquisita del talento bien expuesto, y a su vez, también expone todo tipo de infortunios inseparables de la existencia. El mal trabajo, la mediocridad, la falta de sentimiento, la falta de visión, la calentura sobre la estrategia. Estos hechos revelan a quienes trabajan semanalmente, léase en los futbolistas, directores técnicos, dirigentes pero también, al necesitar regulación, es el fútbol un exponente de todas las injusticias derivadas de un sistema más que imperfecto de juicio, justo así, como en la vida.

Habiendo establecido esto valdría la pena mencionar la antítesis del fútbol: tomar hechos que en la vida normal podrían considerarse de buena naturaleza y juzgarlos como de la peor calaña. ¿Si un tipo en la Caracas le roba la billetera pero luego tiene la decencia de devolverle los documentos ¿queda usted igual de triste?, ¿lo envía usted a la cana? Las respuestas seguramente serán muy diversas en respuesta a la variables difíciles que presenta tal escenario pero al mismo es imposible omitir como hechos significativos que el ladrón tomó algo ajeno y por eso debe ser condenado, pero devolvió algo que le representaba más a la víctima que la plata y por eso debe ser considerado.

El paralelo puede resultar vago pero analógicamente aplica. El “ladrón” es el arbitro, que primero le roba a un equipo (que lo representa a usted, el tipo sin billetera), ya sea a través de un penal omitido o mal cobrado, ya sea a través de un gol mal anulado o una expulsión precipitada. Los “papeles” que se recuperan pueden ser representados por las cargas igualitarias de competencia que le futbol exige. Los partidos empiezan enfrentando once contra once y parten de que un observador imparcial vigila los reglamentos de la mejor manera posible. Si el ladrón lo único que quiere es su dinero y bajo esta óptica devuelve a su dueño importantes detalles como su identificación, hay algo de humanidad ahí, quien lo niegue, bueno, lo niega y está en desacuerdo conmigo. El dinero sería entonces aquello que es robado y es comúnmente devuelto. Me arriesgo a decir que el dinero en mi vaga analogía se representa por esos minutos de fútbol en que las cargas han sido desestabilizadas y el equilibrio perdido, el dinero robado es la sensación de que el partido fue bien dirigido, con justicia para ambos bandos y sin necesidad de caridades luego.

Claro, considero que partir del punto en que el arbitro es un ladrón es muy injusto pero hay que entender la perspectiva. El ladrón roba (aparte de algunos casos antisociales) porque lo necesita, o porque ve en esto una manera de vivir; el arbitro roba porque está comprado (caso en el cual es tan ladrón como cualquiera) o porque es humano y a un humano le es imposible cumplir bien la misión (pitar sin influir en el resultado de un partido) que se le encarga. Referencia obligada hay que hacer para reforzar este punto al sistema precario y discutido de arbitrajes que gobierna el deporte que tanto nos gusta, bajo el cual el arbitro es ladrón no porque quiera, sino porque basado en su humanidad e imposible omnipresencia y omni-visión, no puede ser otra cosa.

El ladrón le robó la billetera, pero cuatro días después lo llamó para decirle que le va a dejar los documentos en “tal” lugar. El juez dejó de pitar dos penales claritos pero luego le pita uno a favor que quizás no existió. Grande que es el fútbol, poniendo todos nuestros ideales contra la pared y dando lugar a las locas analogías que sus seguidores y observadores maquinan.

lunes, 13 de abril de 2009

Creyentes Limitados S.A.

No tengo nada contra la fe, no tengo nada excepto respeto por las creencias de las personas y sus cultos; no tengo nada contra los dioses, uno, u otro, u otro más pues a mi manera de ver cada quién escoge adoptar y predicar su culto y eso es perfecto siempre y cuando respeten mi parcial ateísmo y ojalá les sirva para vivir su vida de manera progresiva, ser mejores personas y profesionales. En sus espacios podrán comentar, y sabré aceptar sus opiniones, sobre cómo mis comportamientos liberales me restringen como persona y profesional pero por el momento espero sepan aceptar las mías.

Dejo ya entrever que voy a tratar un "problema" que puede resultar ofensivo para algunos pero que anoto a modo de observación y opinión abierta a debate. Creo que los futbolistas de mi país son víctimas del reduccionismo religioso y bajo este efecto se restringen personal y futbolísticamente. Creo que los problemas de actitud de nuestros futbolistas parten de delegar mucho a Dios y poco a madurar sus talentos, parten de aprender menos de la plegaria y más del entrenamiento y el perfeccionamiento del oficio. Claro, algunos futbolistas brasileros también son muy religiosos, y como selección cuentan con cinco campeonatos mundiales pero son un caso aparte, no es difícil darse cuenta de que nuestros futbolistas no son brasileros, son colombianos, y para jugar como un brasilero no deben dejarle nada a Dios sino tomar responsabilidad en entrenarse, quizás tres veces más que un brasilero.

Cada que veo el resumen de Goles colombianos me sorprende lo mucho que se enfatiza en las celebraciones el agradecimiento al todopoderoso. Sé que para muchos de estos hombres el hecho de estar en primera división, el hecho de anotar un gol es una meta cumplida y una bendición, lo sé bien. No pretendo quitar valor a todo lo que han tenido que trabajar para lograrlo pero reconozco en eso que me es triste que muchos de esos, que exageradamente elevan sus brazos y permiten latir en sus corazones la gloria del señor, matan así el sueño mayor. Muchos futbolistas de nuestro país hacen ese gol y creen haber tocado el cielo con las manos subestimando incluso su propio potencial, se creen en la cúspide, pero si algo es claro cada que vemos partidos de nuestra selección es que este país está lejos de la cúspide colectiva y con urgencia reclama futbolistas con mayor hambre, impulso y capacidad de no detenerse ante ninguna meta alcanzada. Necesitamos gente con ansia de gloria total en los escenarios más grandes del fútbol, no sólo en la modesta Copa Mustang. Si no hubiera talento ni escribiría esto, pero nada duele más que ser testigo del desperdicio humano.

Nuestro medio restringe a nuestra población profesional, es triste pero cierto; el ultra catolicismo o fanatismo evangelista en que la mayoría crece y las condiciones de educación precarias la restringen como a un caballo lo restringe el tapa ojos. Repito, de lo malo que tenemos como país un aspecto fuerte es dejarle mucho al todopoderoso y menos a nuestras capacidades para hacer buenas cosas, enfocando nuestro sabor y nuestra unicidad para ser más humanos y terrenales. Esto se traduce en el fútbol, sería utópico pensar que no sería ese el caso. Por un lado nuestro asesinos matan, luego se confiesan y en sus mentes quedan en tablas porque "el que peca y reza empata". Nuestros futbolistas llegan a una meta, agradecen, y ahí se quedan; ¿puedo decir que empatan? Quizás, algún contrato les tendrá que salir, alguno con el cual puedan ayudar a sus familias, alguno con el cual puedan emborracharse hasta quedar inconscientes, pero con ese reduccionismo matan así sus posibles proyecciones y en el camino también a nuestro fútbol.

No es difícil saber que para que el caballo galope libre tiene que quitarse el tapaojos.

viernes, 23 de enero de 2009

La Fifa y el Elefante

El elefante blanco está en el centro de la casa. Está crecido, de hecho es gigante pero nadie lo quiere tocar, menos hablar de él. El elefante blanco se dedica a llenar de injusticias semanales al hincha futbolístico, a robarle el sabor en las victorias y el sentido de corregir errores en la derrota, roba al fútbol del fútbol porque lo lleva al terreno del azar, especialmente en campeonatos tan irregulares como el nuestro donde el fútbol es el protagonista ausente.

Ejemplifico un caso . Mi equipo juega bien de visitante (donde usualmente le cuesta mucho), ha errado dos oportunidades de gol pero se siente en control. Cinco minutos después en un contragolpe del equipo local se presenta un descarado piscinazo en nuestra area. El juez, lejos de la jugada, el juez sin apoyo creíble de sus líneas pita un penal. El local cobra y anota y todo el partido cambia.

El trabajo del equipo, al que le cuesta jugar bien, cuando de hecho logra jugar bien, es borrado del mapa por una decisión absurda y se pierde la fe en los resultados que otorga un buen trabajo. Si el equipo rival anota legalmente no tengo problemas, no necesito que me regalen nada, pero bajo ninguna circunstancia puedo permitir se me robe, se me quite. Claro, se me pondrá a prueba, a veces las decisiones erradas vendrán a mi favor. Ya ha sucedido antes y mis respuesta no ha sido una acorde con los ideales de justicia que aquí pretendo promover, pero aprovecho el momento en que ningún resultado se interpone y la razón habla sola.
De estos sucesos se desprenden conceptos tan detestables como la compensación y eventos tan desagradables como expulsiones de jugadores tras alegar un claro mal juicio. Como hincha, que esto suceda me llena de rabia y como seguidor del fútbol me llena de pena.

Si esta fuera una historia nueva ésta sería una columna sobre como prevenir algo que puede ocasionar graves daños al fútbol, pero es una historia tan vieja que no genera la más mínima sorpresa. Se nos ha alimentado durante décadas con que el factor humano justifica al fútbol y que querer modificar contra el sistema de árbitros es atentar contra ese mismo factor. Ya es suficiente. Aun si existen aquellos equipos tan buenos que logran sobrellevar la adversidad de un buen rival, e incluso de un buen rival y un juez en contra, esta es una virtud rara de encontrar y una de la que podemos depender para justificar y perpetuar la injusticia.

La ciencia y la tecnología existen para el beneficio del hombre, para llevarlo a acciones más precisas, ayudarlo en sus empresas difíciles, llevarlo a tomar decisiones más justas y precisas cuando las necesita. Quizás en el pasado era impensable una realidad apoyada en cámaras y ángulos para ayudar al deporte pero la realidad es que ya despertamos en el siglo XXI, las herramientas están en su mayoría listas para ser utilizadas. En inmensa cantidad de campos, buenos y macabros, desde la medicina hasta el armamento se generan “progresos” constantes y aplicaciones nuevas, pero por algún motivo (oscuramente concebido) nos fascina dejar al deporte más famoso del mundo medieval.

El deporte norteamericano dista mucho de la dinámica del fútbol, pero en pasos ejemplares hacia integrar la tecnología al juego para volverlo lo más justo posible ha dado la pauta. Las ligas de fútbol americano (NFL) y baseball (MLB) han implementado ya, con ciertas restricciones normales, usos de repeticiones para generar un mayor ámbito de justicia en los partidos, para dar a conocer que el todopoder de los jueces puede ser revisado si se considera que, como cualquier ser humano, pudo haber errado. El deporte norteamericano está entregando a la Fifa un plano que debe seguir, si esta considera que el fútbol necesita justicia, premiar el buen trabajo y penalizar a futbolistas que pretendan influir de manera histriónica en los resultados.

¿Cómo implementar la tecnología en el fútbol? Se podría pensar en un equipo arbitral que desde las alturas tenga acceso a las repeticiones y que intercomunicado con el central logren juicios correctos. Puede tomar 10 segundos, cortar algo el ritmo, probable, pero prefiero un ritmo más cortado que injusto. Se reducirían y penalizarían fuertemente los jugadores que aleguen las decisiones, ya no se discutiría con uno, se discutiría con uno en el campo y dos arriba, tres puntos de vista incontestables.

Claro, los costos de tal decisión serían altos, pero si progresivamente se piensa en ello se generarían los recursos como mínimo para poder aplicarlo en fútbol de primera división. Empezando por escenarios enormes en los que se puede hacer la inversión como en los mundiales se puede empear a propagar la cultura de un gasto en beneficio de la justicia y limpieza del juego. De una buena vez.

¿Qué pitó éste?

Interrogante de desproporcionadas proporciones, himno del Elefante Blanco que en honor a lo lindo que es el deporte y lo avanzado que es el ser humano debe dejar de sonar YA.