lunes, 13 de abril de 2009

Creyentes Limitados S.A.

No tengo nada contra la fe, no tengo nada excepto respeto por las creencias de las personas y sus cultos; no tengo nada contra los dioses, uno, u otro, u otro más pues a mi manera de ver cada quién escoge adoptar y predicar su culto y eso es perfecto siempre y cuando respeten mi parcial ateísmo y ojalá les sirva para vivir su vida de manera progresiva, ser mejores personas y profesionales. En sus espacios podrán comentar, y sabré aceptar sus opiniones, sobre cómo mis comportamientos liberales me restringen como persona y profesional pero por el momento espero sepan aceptar las mías.

Dejo ya entrever que voy a tratar un "problema" que puede resultar ofensivo para algunos pero que anoto a modo de observación y opinión abierta a debate. Creo que los futbolistas de mi país son víctimas del reduccionismo religioso y bajo este efecto se restringen personal y futbolísticamente. Creo que los problemas de actitud de nuestros futbolistas parten de delegar mucho a Dios y poco a madurar sus talentos, parten de aprender menos de la plegaria y más del entrenamiento y el perfeccionamiento del oficio. Claro, algunos futbolistas brasileros también son muy religiosos, y como selección cuentan con cinco campeonatos mundiales pero son un caso aparte, no es difícil darse cuenta de que nuestros futbolistas no son brasileros, son colombianos, y para jugar como un brasilero no deben dejarle nada a Dios sino tomar responsabilidad en entrenarse, quizás tres veces más que un brasilero.

Cada que veo el resumen de Goles colombianos me sorprende lo mucho que se enfatiza en las celebraciones el agradecimiento al todopoderoso. Sé que para muchos de estos hombres el hecho de estar en primera división, el hecho de anotar un gol es una meta cumplida y una bendición, lo sé bien. No pretendo quitar valor a todo lo que han tenido que trabajar para lograrlo pero reconozco en eso que me es triste que muchos de esos, que exageradamente elevan sus brazos y permiten latir en sus corazones la gloria del señor, matan así el sueño mayor. Muchos futbolistas de nuestro país hacen ese gol y creen haber tocado el cielo con las manos subestimando incluso su propio potencial, se creen en la cúspide, pero si algo es claro cada que vemos partidos de nuestra selección es que este país está lejos de la cúspide colectiva y con urgencia reclama futbolistas con mayor hambre, impulso y capacidad de no detenerse ante ninguna meta alcanzada. Necesitamos gente con ansia de gloria total en los escenarios más grandes del fútbol, no sólo en la modesta Copa Mustang. Si no hubiera talento ni escribiría esto, pero nada duele más que ser testigo del desperdicio humano.

Nuestro medio restringe a nuestra población profesional, es triste pero cierto; el ultra catolicismo o fanatismo evangelista en que la mayoría crece y las condiciones de educación precarias la restringen como a un caballo lo restringe el tapa ojos. Repito, de lo malo que tenemos como país un aspecto fuerte es dejarle mucho al todopoderoso y menos a nuestras capacidades para hacer buenas cosas, enfocando nuestro sabor y nuestra unicidad para ser más humanos y terrenales. Esto se traduce en el fútbol, sería utópico pensar que no sería ese el caso. Por un lado nuestro asesinos matan, luego se confiesan y en sus mentes quedan en tablas porque "el que peca y reza empata". Nuestros futbolistas llegan a una meta, agradecen, y ahí se quedan; ¿puedo decir que empatan? Quizás, algún contrato les tendrá que salir, alguno con el cual puedan ayudar a sus familias, alguno con el cual puedan emborracharse hasta quedar inconscientes, pero con ese reduccionismo matan así sus posibles proyecciones y en el camino también a nuestro fútbol.

No es difícil saber que para que el caballo galope libre tiene que quitarse el tapaojos.

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