martes, 28 de julio de 2009

Vargas Sin Pantano

En sus últimos años en Argentina los vi jugar a Falçao y Vargas en sus estadios locales.
Se despidieron -en este torneo final- sin títulos, pero dejando porte en los equipos más grandes de Argentina.



II- Vargas

El partido en que me tocó visitar la Bombonera, "contra toda mi voluntad", fue en el que perdió su clasificación a cuartos de final de la Copa Libertadores 2009. Esto no fue grave a mis ojos, no guardo sentimientos pro-boca en mi corazón.

Corrimos, corrimos los 8 pisos de escalones, estábamos tarde y no podíamos perdernos la salida de los equipos. No podíamos, pero nos la perdimos. Entre el 5to y el 7mo piso se hacía sentir el poder de "la doce", del otro lado del muro, cantando y saltando; nosotros seguíamos subiendo y subiendo. Yo muerto, luché los últimos 10 escalones animado por el hervidero sonoro.

Y llegamos. Justo al lado del tablero eléctrico encontramos dónde sentarnos, pero separados. La pareja por un lado, Daniel por otro, y yo por otro. Los equipos recién salidos, show de sonido humano, luces de pirotécnia de alto decibel. Muchos PAPAPAPP ¡PA!

Boca Juniors no corrió con la ayuda del juez. Este no pitó ninguna falta rara en el área. A Boca Juniors su rival le anotó un gol, y luego, lo fue devorando poco a poco, a punta de energía y disciplina. Boca Juniors lució desdibujado, se encontró con un arquero sólidísimo, y se diluyó en la no generación de ideas. Nunca rompió a Defensor.

Defensor nunca perdió el norte. Siempre enérgico sacó el partido adelante. Muchos jugadores tuvieron un nivel notable, muchos mostraron muchas ganas y corazón. En Boca, el caso no fue el mismo.

Un jugador lució entonado. Tuvo ganas de ganar más que de sobrevivir el partido. Corrió más, subió, bajó, defendió, atacó. Jugó su último partido de Copa de su ciclo con Boca Juniors. Vargas, el colombiano. Desde que jugó con América de Cali no lo había visto en una estadio. Esa noche en la Bombonera resaltó en un Boca carente de cohesión. Se escuchaba "es Vargas y 10 muertos", y con razón.

De lejos, lo vi. Pero me gustó lo que vi. Me dejó la imagen de un incansable, un mordelón, un inteligente. Y fue satisfactorio que en medio de una dura e inesperada derrota en casa, los miles de hinchas de Boca, con quienes poco tengo en común, pensaran igual.

Falçao Garcilazo

En sus últimos años en Argentina los vi jugar a ambos. Se despidieron -en este torneo final- sin títulos, pero dejando porte en los equipos más grandes de Argentina.

I- FALçaO

Lo fui a ver en el Clausura 2009, el partido fue River-San Martín de Tucumán (hoy descendido a 2nda). Fue un juego de bajadas y subidas. El rival, visitante en cancha de River, venía por primera vez a jugarle en Buenos Aires, y trajo gran cantidad de público entusiasta: de ese que viaja hasta 1000 kilómetros para ver el juego y luego 1000 para volverse a la casa.

Temprano se fue arriba; una pelota quieta seguida de un cabezaso, y luego una desviación de un defensa terminaron generando un grito fortísimo de gol. Toda la popular norte, pintada de blanco y rojo, gritó gol. Repito, Fortísimo. El 90% del estadio silente.

San Martín 1 - 0 River. Hacía calor, y pagué 70 "mangos", pero ahí estaba la escena montada, el regreso, el voltear el partido. Pensaba en mi hermano menor y me venían lágrimas bonitas. Esto hoy no terminaba así. Sin embargo, hasta ese punto River lució desdibujado, poco claro. Cero inspiración.

San Martín jugó un primer tiempo impresionante, y debió meterla más, pero no la metió más. La inspiración no alcanzó para cubrir definición. Ya sabemos qué pasa cuando estas condiciones se dan. Así era el fútbol ese día, así es hoy, y así va a ser mañana.

El local venía de salir último la temporada anterior, y con el marcador en contra la despedida a camerinos en el medio tiempo no fue cariñosa. Las puteadas fueron visibles incluso. Palabras duras, gesticulaciones de todo tipo, jugadores cabizbajos. Todo un panorama. Primer partido en River. Jugadores puteados.

Al lado mío un mono sueco hablaba con su familiar argentino, la experiencia era extraña. Le conté a un par de argentinos que era colombiano, que era mi primera vez en este estadio. Hablaron maravillas de Falçao. Se vino el segundo tiempo.

Las condiciones parecían haber cambiado, había más actitud, más cohesión. River avanzó, comenzó a jugar hacia el gol, si bien, el gol no llegó. San Martín, cansado se la jugaba por aguantar y contra golpear. Tuvo mucho que ver Falcao, en este River que trató. El tipo sabía dónde pararse, cómo pasarla para avanzar. Solía hacer fluir el juego en vez de frenarlo.

La inspiración muchas veces lo le alcanzó para cubrir la definición.

Debió entrar Gallardo para que River pudiera empatar el partido. Minuto 32 del segundo tiempo. La gente lo gritó a rabiar, se desató. Luego, empujado por su gente el local empezó a jugar más suelto, pero el reloj estaba encima.

Y al minuto 45, falta en el área. Penal para River. Ahí estaba el juego. Gallardo estaba en el terreno, pero el penal lo tomó FalÇao. Se había jugado un partido de sacrificio, le habían cometido el penal.

Lo cobró bien. Penal bien cobrado es el que entra. Corrió mucho, y besó el escudo del club frente a los puteadores de un tiempo atrás. Estos, enloquecidos celebraban. Así era el fútbol ese día. No le decían León porque definiera con filo, más bien por lo que dejaba en la cancha.

martes, 21 de julio de 2009

EL marketing Escarlata

Al Pascual Guerrero llegaron los hinchas que tanto habían convocado el cuerpo técnico y los jugadores. Después de todo cuando el sueldo de unos cuantos meses no llega, y comienza a sentirse profunda angustia monetaria; hay que recurrir hasta a lo extraño para revertir la situación.

Llegaron unos 36.000: representaron apoyo, representaron un marco lindo para el clásico contra el Atlético Nacional, y representaron dinero para el club, sus técnicos, sus jugadores.

La tendencia la empezó Diego Umaña, que ya tiene a su haber un título, y de paso un repertorio de comportamientos bizarros que le permiten cruzar fronteras que otros técnicos no se atreverían a cruzar. Esta vez apeló a la gran frase "le va la madre si no llenamos el estadio".

Este hecho contagió a sus jugadores, que más moderados, trataron de promover la causa. "El Pascual se ve lindo cuando está lleno", dijo Paulo Cesar Arango a través de los medios masivos.

Las indirectas de incentivo a la hinchada vinieron también de otros jugadores, quienes a pesar de haber visto el Pascual lleno en época de finales, saben que cuentan con una hinchada mal acostumbrada a ganarlo casi todo en poco tiempo. Una hinchada ingrata. No hay por qué, hasta ahora, llamarla de otro modo.

No por nada Umaña les mandó "la madre" si no apoyaban.

La parcial escarlata cuasi llenó las tribunas del Pascual, pero hay que anotar el hecho de que, a pesar de los titulares de prensa según los cuales la hinchada había cumplido, el reto viene luego. Un partido contra Atl. Nacional implica siempre una convocatoria grande, aunque hay que anotar que llevaba tiempo sin una entrada de este calibre. El marketing funciona.

Vendrán partidos contra rivales de menor implicación "clásica", donde se verá que tipo de apoyo reciben los rojos de Cali, apoyo de verdad. Es un equipo grande, pero por el momento, a la hinchada aún le quedan cosas por probar como para que los medios canten victoria, y la devuelvan a su posición de confort.

El partido terminó 2-2. Empate en casa contra un rival eterno. Y ese resultado puede ser el que determine asistencias futuras. Veremos pronto si el escepticismo resulta infundado, o si de verdad estamos viendo nacer frente a nuestra narices la hinchada que un trece veces campeón merece tener en casa.

Todo, gracias al poder del marketing directo.

viernes, 10 de julio de 2009

Ida. Final de Copa. Estadio Único de La Plata.

La salida de los equipos al terreno fue intensa, digna de una final de Copa. Humo albirojo cubrió rápido todo el campo, mientras una corneta estallaba desde los altoparlantes. Y desde lo más alto del estadio un juego de luces aprovechaba el humo provocado por la hinchada. Sonido, locura, luz, color.

Luego 90 minutos y un 0-0.

La hinchada del "león", contra toda lógica, salió del estadio primero: 40.000 pinchas hinchas primero que 500 "torcedores" de 'Zeiro. No debe sorprender, si algo caracteriza a la Libertadores -entre otros torneos de envergadura- es que hay pequeños detalles que la organización planea con el exclusivo fin de joder a quien llegó de afuera a apoyar a su equipo.

Este fue uno.

Ni con el frío se desdibujó de los rostros azules el calor de haber sacado un resultado positivo. Por el contrario. Del otro lado, la parcial de Estudiantes se marchó en silencio, con una resignación enmarcada en la esperanza de repetir la hazaña del centenario, pero reconociendo esta vez enfrentarse a un equipo más fuerte y peligroso en frente.

El partido tuvo un desarrollo extraño. Ninguna escuadra pareció controlar los hilos del partido, pero sí hubo individualidades de tremenda relevancia, en especial Fábio. "O melhor golero do Brasil", según sus torcedores, sacó tres pelotas de enorme dificultad, y aplomó al resto de su equipo desde atrás.

Estudiantes vio como su hinchada se prendió, luego apagó en las tribunas, mientras en el terreno Fábio apagó los incendios que provocaron los más punzantes ataques. Si bien el partido no fue dominado completamente por ningún equipo, sí mostró a un Estudiantes aplomado en momentos específicos. Se hubiera podido ir arriba, y no hubiera sido injusto.

Por eso Fabio fue tan importante. Sus intervenciones mantuvieron callado el impetu de Estudiantes y el de su gente. Estudiantes no dominó, pero tuvo llegadas de desequilibrio, de esas jugadas que se pueden, concretar o no, de local o de visita.

Cruzeiro tuvo un comportamiento controlado durante 70 minutos del partido; apostó a controlar atrás y proponer salida rápida en contragolpe, sin mayor suerte a lo largo del partido. Hacia el final, empezó a moverse, y con más piernas que su rival -que se vio empujando durante los 70 iniciales- pudo encontrar espacios que antes veía cerrados.

Tuvo en los pies de Kléber la jugada más clara del juego, inexplicablememnte perdonó rematando mal una pelota que rebotó en frente del area chica tras rebote de Andújar... así la serie sigue abierta.

Vale la pena recordar una jugada increíble de Ramires, que desde mitad de cancha se llevó unas cuantas marcas en una jugada que por poco desequilibra.

La serie está abierta y la final se jugará en un Mineiráo a reventar. El ambiente está dado para la consagración del rico fútbol de Cruzeiro o la aplicación y letalidad de Estudiantes. Ambas podrían prevalecer.

domingo, 5 de julio de 2009

No soy argentino, no nací en Parque Patricios, y no soy hincha de Huracán, pero...

Entre más voy al barrio, más me gusta. Lo escogí porque quería montarme al bus distinto, de un barrio de nombre bonito, y menos turístico que los que usualmente recorro aquí... y también, confieso, porque quería estar del lado de toda esa gente que, como yo, llevaba años sin celebrar un campeonato de fútbol.

Me ha costado, me requiere estar atento, y ser abierto. Me doy cuenta de que es un barrio especial: es de arraigo, de sufrida, de "machos", de costumbres. Olvidada, quizás... Me cuesta trabajo la conexión, más por culpa mía que por la gente, excepto cuando apelo al lenguaje del fútbol.

Pagué el precio. Hoy, la camiseta que me puse en el corazón tenía un globo pintáo, y perdió el título cuando faltaban unos 6 minutos de juego. No debería sentirme así, después de todo como me dijo un semi ebrio argentino hoy, al reconocer mi acento extranjero: "vos no sos hincha de Huracán".

No lo soy soy, pero lo adopté como mío. No lo soy, pero lo siento, más de lo que imaginé posible.

Al tiempo en que me dijo esto, un anciano que salía de la pizzeria El Huracán me preguntó "¿de dónde sos?". "Colombiano", respondí. "Es un gusto tenerte aquí", replicó y me abrazó. Me invito a sentarme en su mesa para el segundo tiempo, la mesa que había protegido desde las 12 de día. Osvaldo, una persona así, me hace suspirar triste.

La pregunté cómo había celebrado en el 73. "Es una larga historia, ya te la contaré. Te digo que ese título le celebré con mi hijo, y mi hijo ya no está conmigo". El corazón se me hizo chiquito y le agradecí su sinceridad. El tipo tiene un corazón gigantesco. Después de saberse perdedor, caminó lento... Se alejó, y no sé si lo vuelva a ver.

Me dijo "cuando juegue Millonarios, estaré de corazón con ellos".
Para alguien que, como yo, no sabe ya siquiera si seguir a su equipo, eso resultó gratificante.

Osvaldo merecía este título. También Rafael, con quien vi el primer tiempo. Me contó que su "viejo" había fallecido hacia un año, y que nada le hubiera gustado más que compartir ese momento con él. Cuando Monzón (figura del juego) tapó el penal que mantenía el título, me dijo "le pedí al viejo ayuda, y mirá con la que me salió!"

Yo me perdí la fiesta de la que quería ser partícipe, ellos perdieron su segundo título en la historia y una celebración sin precedentes. Entendí como la simpatía se crea entre hinchas. Persona a persona, experiencia a experiencia. Sin importar edad, credo, si va a doler o no.

El segundo tiempo fue difícil. Mezclado ahora entre la hinchada que cada vez sufría más, yo sufría más. Sabíamos que cuando se tiene algo que perder no hay lugar para la resignación, y a un gol de ganarlo o perderlo todo, el ritmo cardíaco sufre variaciones críticas. Todas las personas que estaban en la pizzería, viendo el juego, o fumando impacientes afuera, estaban al borde de un ataque de nervios.

A minutos 39 cayó el gol de Vélez. Polémico, mal validado. No hubo tiempo de resignación, se alentó al equipo durante los minutos que quedaron, pero el daño estaba hecho. Después de un incidente de balones escondidos, y unos minutos de extra, el título se quedó en Liniers.

La cara de la gente, la sensación de que había sido una derrota injusta, crearon un ambiente desgarrador.

A las 15, justo antes del partido, se sentía un silencio concentrado, se escuchaba solo el sonido de las aves. Se veían banderas con la H roja en muchas casas. A las 16:30, en restaurantes del barrio, el clima era el de una caldera cargada de emoción y terror. Gol anulado, penal tapado. Podía funcionar. O no. A las 18:40, solo el motor de los colectivos parecía irrumpir en el ambiente sombrío del barrio. La fiesta en el parque cancelada, la espera por otro título más, prorrogada... 36 años y contando.

Ni las causas que adopto logro sacar adelante. Mi cábala será de aquí en adelante no decepcionar a otros, ni decepcionarme a mí. Renunciaré al fútbol.

...al menos por dos meses...

viernes, 3 de julio de 2009

Viernes 3 de julio. Parque Patricios. Entrena Huracán.

Desde las 16 el club atlético Huracán se entrenó en su fortín, el palacio Ducó. Juegos de toque de primera intención en espacios reducidos caracterizaron una sesión que contó con la presencia de público y medios de comunicación.

La concentración del equipo parece funcionar de cara al partido, los ánimos lucieron festivos y se sintió por parte de los jugadores una alegre serenidad. Puede ser risa nerviosa.

Mágico para los asistentes resultó ver a Javier Pastore bajar y subir muchos balones con los hombros, a DeFederico en su baja estatura lucir grande por sus movimientos, al imponente Eduardo Dominguez jugar de media punta.

Los cobros de tiro libre del maestro Gonzalez no pasaron desapercibidos, ni tampoco la actitud de Arano, motivando con actitud al grupo. Fue campeón, y sin dudas quiere volverlo a ser con este equipo.

Algunas hinchas esperaron a los jugadores a la entrada del túnel. Toranzo, Goltz entro otros firmaron muchas camisetas. Un hincha le dijo a Monzón: "somos campeones, ¿no?", a lo que respondió "esperemos que sí", perdiendose luego en el túnel.

Mario Bolatti fue el último en dejar el terreno. Disciplinado y talentoso, para la posición que juega tiene piernas atípicas: largas, relativamente flacas. Esto sólo le da más alcance, y, sabiendo dominarlas, le permite jugar de manera especial. Pisando el balón, con gracia. Es un fuera de serie, que con mucha dedicación encaró el último de los entrenamientos a puerta abierta que tendrá el equipo.

Se viene la final el domingo, y el globo está lleno de ganas, de no contraer ninguna gripe y salir campeón.

jueves, 2 de julio de 2009

Los hinchas del globo y las cábalas para evitar “pinchar”..

Al frente de la tienda oficial del club, sus espesas gafas se pierden en las camisetas que dispuestas reposan en vitrina. Luciano tiene 76 años y es socio vitalicio, vino a averiguar sobre las entradas disponibles para la final del domingo. Parece un niño, y sonríe cuando se le pregunta sobre Huracán, y las cábalas que siguen los hinchas para influir en el resultado.

“No tengo ninguna”, responde, “a menos que no cobrarle a mi hijo la entrada que le compro, si ganamos, clasifica como cábala”. Luciano es un caso atípico de hincha del globo, que a diferencia de otros miles, dice no tener cábalas mientras sigue al equipo.

A horas de la gran final del futbol argentino, dos hinchadas disputan una lucha
contra el tiempo y el destino. Las elecciones legislativas atrasaron el encuentro que definirá el campeón, pero la espera es cada vez más corta. En la antesala al juego, ningún hincha del globo quiere romper su rutina exitosa. Esa que directa o indirectamente, con o sin emergencia sanitaria, ha llevado al club a lo más alto de la tabla a una fecha de apagar las luces del clausura 09.

Alberto supo que su destino este año era no ir a la cancha desde la 7ma fecha, cuando Huracán goleó en el Ducó 3-0 a Lanús. No se arrepiente: “si funciona hay que mantenerla, y esta ha funcionado”. Siguiendo la regla no escrita de los técnicos sobre como “a equipo que gana no se le toca”, los hinchas juegan su propio partido interno con sus propios elementos que balancear.

Cacho, de 70 años, sigue a Huracán desde que de niño, caminando por Avenida Caseros, vio el estadio a lo lejos y se enamoró. Este año su rutina ha sido muy específica. Desde que se supo candidato a celebrar título, todas sus visitas a la cancha tienen un patrón de comportamiento calcado: las mismas 4 personas van a la cancha en el mismo auto, tomando las mismas calles y asistiendo a la misma tribuna.

Su nieto tiene 10 años, es fanático enfermo del globo, pero para su mala fortuna, la cábala del abuelo le impide acompañarlo a la cancha. Rompería el ritual, y podría costarle muy caro. Nadie quiere perder al amor de su abuelo. Por su parte Pepe, hermano menor de Cacho y miembro del club de 4 pasajeros, dice que jamás lleva la camiseta del club a los partidos, ya que cada que lo hizo contó con mala fortuna.

La costumbre de adquirir un lugar específico desde el cual ver el partido es algo religioso para muchos, pero se pone en riesgo cuando asiste mucho público. Es más fácil conservar el lugar cuando no va tanta gente, y cuando se gana y se aspira a un título va mucha gente. Este es un riesgo que hay que correr. Hay hinchas que cambiaron platea por la tribuna de Bonavena, y al cambiar la suerte de Huracán, establecieron la cábala.

Para Alfredo Néstor, quien emite la audición partidaria Globo de mi vida, las cábalas existen pero en el futbol de hoy no hacen mayor diferencia: “el fútbol de hoy es distinto, tener un mejor equipo no te garantiza ganar. Las características de juego, y el mismo balón influyen más que cualquiera de nuestros comportamientos como hinchas”.

Agrega que no tiene cábalas, pero que su mujer “se enrolla la misma camiseta en el brazo derecho cada que ve los partidos del globo”, y que desde que Cappa dijo que el fútbol de Huracán debía verse con elegancia, un compañero suyo viste un blazer de corderoy durante los juegos. Lo tendrá puesto el domingo, en la cancha o fuera de ella.

Periodistas partidarios evitan cubrir ruedas de prensa, por cábala. Gente deja de trabajar, por cábala. Si funciona, no lo toque. Implique lo que implique.

Familias enteras comparten el rito, así les implique separarse en un momento dado. Gustavo cuenta que toda su familia va a la cancha, y que con ella se encuentra allá, pero que el trayecto hacia el estadio lo hace solo, escuchando música para completar su ritual: “me mentaliza”. Comparte que uno de sus primos usa la misma ropa en todos los partidos: campera, gorro, pantalones, nada cambia. Eso sí, lava la ropa con la necesaria regularidad, en especial en estas épocas de emergencia sanitaria.

No es difícil imaginar que los hinchas de Vélez siguen sus propias cábalas, que en naturaleza no deben ser muy distintas. Incluso se puede visualizar a hinchas de San Lorenzo aplicando “anti-cábalas”, después de todo nadie quiere ver a su clásico rival celebrar. Lo cierto es que alguno saldrá ganador, y celebrará sus aportes psíquicos, y
alguien saldrá perdedor, y frente a la adversidad, podrá culpar a la Kriptonita.

miércoles, 1 de julio de 2009

1er turno al bate

No sé porqué demoré tanto en consignar el momento en que por primera vez pisé un diamante de béisbol como miembro de un equipo. De niño creo que lo soñé una cantidad, no recuerdo muchos sueños, pero ese sin duda lo tuve.

Tuvo que darse bien lejos de mi país de origen, en un territorio conocido por su fútbol. Tuvo que ser a unos meses de cumplir treinta años. Como en la película "The Rookie", solo que sin nadie que me hubiera visto jugar antes, incluyéndome. No al menos fuera del sueño, no afuera del parque donde con mis amigos de infancia jugábamos 2 contra 2, en el más romántico experimento beisbolero de la historia, no al menos fuera del patio donde con mi hermano nos lanzábamos pelotas y batacitos controlados.

Rodeado de gringos, en un equipo llamado Shankees, tuve mi oportunidad. En el último partido de la temporada muchos jugadores titulares estaban fuera de la ciudad y eso daba más oportunidad. En el 4 inning el coach me dijo que me preparara, que iba a jugar en left field. Se molestó con el left fielder porque dejó de atrapar una bola que parecía, y costó al equipo 3 carreras. El coach también sabía que yo necesitaba jugar, había un lema en ese juego sin implicaciones: "todos jugamos".

Y parecía surreal que algo así estuviera sucediendo. Yo, uniformado, con un bate en la mano, caminando hacia el círculo de espera. Me estiré, hice un par de swings de prueba. El equipo iba perdiendo y yo inicié el inning. El pitcher tenía unos 54 años, pero también uniforme y mucho más experiencia que yo. Había jugado algo en su vida.

Mis compañeros de equipo no sabían que esperar de mí, ni yo mismo. Tantos partidos en video juego para ahora tratar de conjugarlo real. Tres strikes son out loco, y ahora sí hay otros que esperan que hagas un buen trabajo.

El pitcher lanzó dos pitcheos duros, altos y afuera. Tontamente y con ausentes muestras de paciencia, hice swing a ambos. Sé que en especial el primer swing se vio mal, feo. Sin tiempo, sin ojo, sin nada. Pero mi suerte cambió por su animo de mandar cambio. Trató de tostarme adentro, pero le puse el ojo, y le puse bate. Salió elevado, corrí tratando de seguir el curso de la pelota, parecía un fly out.

Left field, estaba difícil ese día, y el jardinero la dejó caer. Perdí el curso de la bola, y llegue safe a primera. El lanzamiento desesperado hacia el primera base salió mal dirigido, la bola se perdió, y en mi primer at-bat de la historia, llegué a segunda base.

Anoté carrera dos bateadores después,
y pude cumplir uno de los deseos de infancia más arraigados:
vivir el béisbol desde adentro.