En sus últimos años en Argentina los vi jugar a Falçao y Vargas en sus estadios locales.
Se despidieron -en este torneo final- sin títulos, pero dejando porte en los equipos más grandes de Argentina.
II- Vargas
El partido en que me tocó visitar la Bombonera, "contra toda mi voluntad", fue en el que perdió su clasificación a cuartos de final de la Copa Libertadores 2009. Esto no fue grave a mis ojos, no guardo sentimientos pro-boca en mi corazón.
Corrimos, corrimos los 8 pisos de escalones, estábamos tarde y no podíamos perdernos la salida de los equipos. No podíamos, pero nos la perdimos. Entre el 5to y el 7mo piso se hacía sentir el poder de "la doce", del otro lado del muro, cantando y saltando; nosotros seguíamos subiendo y subiendo. Yo muerto, luché los últimos 10 escalones animado por el hervidero sonoro.
Y llegamos. Justo al lado del tablero eléctrico encontramos dónde sentarnos, pero separados. La pareja por un lado, Daniel por otro, y yo por otro. Los equipos recién salidos, show de sonido humano, luces de pirotécnia de alto decibel. Muchos PAPAPAPP ¡PA!
Boca Juniors no corrió con la ayuda del juez. Este no pitó ninguna falta rara en el área. A Boca Juniors su rival le anotó un gol, y luego, lo fue devorando poco a poco, a punta de energía y disciplina. Boca Juniors lució desdibujado, se encontró con un arquero sólidísimo, y se diluyó en la no generación de ideas. Nunca rompió a Defensor.
Defensor nunca perdió el norte. Siempre enérgico sacó el partido adelante. Muchos jugadores tuvieron un nivel notable, muchos mostraron muchas ganas y corazón. En Boca, el caso no fue el mismo.
Un jugador lució entonado. Tuvo ganas de ganar más que de sobrevivir el partido. Corrió más, subió, bajó, defendió, atacó. Jugó su último partido de Copa de su ciclo con Boca Juniors. Vargas, el colombiano. Desde que jugó con América de Cali no lo había visto en una estadio. Esa noche en la Bombonera resaltó en un Boca carente de cohesión. Se escuchaba "es Vargas y 10 muertos", y con razón.
De lejos, lo vi. Pero me gustó lo que vi. Me dejó la imagen de un incansable, un mordelón, un inteligente. Y fue satisfactorio que en medio de una dura e inesperada derrota en casa, los miles de hinchas de Boca, con quienes poco tengo en común, pensaran igual.
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