Momento extraño vive la Argentina. En las calles gente vive sin techo -como en el resto de latino américa-, pero si alguien tiene la fortuna de tener un techo, y una tele, puede ver todo el fútbol de su país. Adiós a las pomposas transmisiones de Fox Sports, adiós a los adornados programas de primera que solían acaparar el rating de la noche del domingo. Adiós a la codificación.
Hay sacrificios; esos planos increíbles que en formato cine generaban imágenes de la fiesta especial, y guerra campal que es el fútbol argentino, no se volverán a ver. La producción que solía acompañar las transmisiones de TyC, terminada. Los comentaristas a los que el Argentino y el extranjero se habían acostumbrado, relevados de sus cargos.
Para bien y para mal. Siempre hay unos que no soportamos, otros que nos gustan. Ahora habrá que ponerle cuidado a los nuevos que vienen y reescribir un nuevo escalafón. Regresa, Marcelo Araujo, un grande que será divertido escuchar de nuevo. La primera voz que alguien que tuvo sus primeros contactos con el fútbol argentino en lo 90's escuchó. El referente conocido de esta nueva etapa de transmisiones.
Una sensación extraña se vive en el ambiente, de que por un lado está bien que el fútbol sea para todos, y por otro, se vuelva el terreno para que un Gobierno impopular se haga a muchos amigos a nivel de rutinas. Las rutinas del viernes, del sábado, del domingo, todas, afectadas cuando hay torneo.
Imagino familias que perderán tiempo de calidad.
Antes el juego iba por TV cerrada. El hombre podía ir a comer un helado con su familia; la chica podía ir a ver teatro con su novio, o pasar tiempo sola, o con él en un parque. Ahora, el hombre/mujer está enfrentándose con todo el fútbol que pueda soportar, y eso es algo difícil.
La familia tendrá que apoyarlos, a ese hombre y mujer argentinos; los amigos, a ese estudiante extranjero. El entorno tendrá que apoyar a los amantes del fútbol, apagandoles la tele de vez en cuando, sacándolos al parque, haciéndolos respirar. O sentándose a ver fútbol con ellos.
Del lado del grupo Clarín, dueño de los derechos -hasta que el contrato que codificaba ciertos partidos se rompiera-, hubo actos desconsiderados que hacen pensar en que era necesario replantear el negocio. No sé si de la manera en que se hizo, pero...
No es bajo ninguna óptica social justificable que un partido como la final del torneo pasado, jugado en un marco de emergencia relacionado a la Gripe A, fuera codificado, obligando a la gente a desplazarse, reunirse, arriesgarse.
No soy partidario de las codificaciones, pero es normal que sean una consecuencia de los negocios televisivos. No las comparto, pero cuando se juega con la gente, cuando se olvida totalmente a la gente, la línea tiene que dibujarse, paso de no compartirlasd a aborecerlas.
El Gobierno entendió que tenía que aprovechar este abuso, lo venía avisando. Lo ejecutó. Baño de popularidad, y tardes cargadas de 10 partidos. Todo bien, pero todo mal. Al menos hay fútbol.
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