viernes, 10 de julio de 2009

Ida. Final de Copa. Estadio Único de La Plata.

La salida de los equipos al terreno fue intensa, digna de una final de Copa. Humo albirojo cubrió rápido todo el campo, mientras una corneta estallaba desde los altoparlantes. Y desde lo más alto del estadio un juego de luces aprovechaba el humo provocado por la hinchada. Sonido, locura, luz, color.

Luego 90 minutos y un 0-0.

La hinchada del "león", contra toda lógica, salió del estadio primero: 40.000 pinchas hinchas primero que 500 "torcedores" de 'Zeiro. No debe sorprender, si algo caracteriza a la Libertadores -entre otros torneos de envergadura- es que hay pequeños detalles que la organización planea con el exclusivo fin de joder a quien llegó de afuera a apoyar a su equipo.

Este fue uno.

Ni con el frío se desdibujó de los rostros azules el calor de haber sacado un resultado positivo. Por el contrario. Del otro lado, la parcial de Estudiantes se marchó en silencio, con una resignación enmarcada en la esperanza de repetir la hazaña del centenario, pero reconociendo esta vez enfrentarse a un equipo más fuerte y peligroso en frente.

El partido tuvo un desarrollo extraño. Ninguna escuadra pareció controlar los hilos del partido, pero sí hubo individualidades de tremenda relevancia, en especial Fábio. "O melhor golero do Brasil", según sus torcedores, sacó tres pelotas de enorme dificultad, y aplomó al resto de su equipo desde atrás.

Estudiantes vio como su hinchada se prendió, luego apagó en las tribunas, mientras en el terreno Fábio apagó los incendios que provocaron los más punzantes ataques. Si bien el partido no fue dominado completamente por ningún equipo, sí mostró a un Estudiantes aplomado en momentos específicos. Se hubiera podido ir arriba, y no hubiera sido injusto.

Por eso Fabio fue tan importante. Sus intervenciones mantuvieron callado el impetu de Estudiantes y el de su gente. Estudiantes no dominó, pero tuvo llegadas de desequilibrio, de esas jugadas que se pueden, concretar o no, de local o de visita.

Cruzeiro tuvo un comportamiento controlado durante 70 minutos del partido; apostó a controlar atrás y proponer salida rápida en contragolpe, sin mayor suerte a lo largo del partido. Hacia el final, empezó a moverse, y con más piernas que su rival -que se vio empujando durante los 70 iniciales- pudo encontrar espacios que antes veía cerrados.

Tuvo en los pies de Kléber la jugada más clara del juego, inexplicablememnte perdonó rematando mal una pelota que rebotó en frente del area chica tras rebote de Andújar... así la serie sigue abierta.

Vale la pena recordar una jugada increíble de Ramires, que desde mitad de cancha se llevó unas cuantas marcas en una jugada que por poco desequilibra.

La serie está abierta y la final se jugará en un Mineiráo a reventar. El ambiente está dado para la consagración del rico fútbol de Cruzeiro o la aplicación y letalidad de Estudiantes. Ambas podrían prevalecer.

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