El elefante blanco está en el centro de la casa. Está crecido, de hecho es gigante pero nadie lo quiere tocar, menos hablar de él. El elefante blanco se dedica a llenar de injusticias semanales al hincha futbolístico, a robarle el sabor en las victorias y el sentido de corregir errores en la derrota, roba al fútbol del fútbol porque lo lleva al terreno del azar, especialmente en campeonatos tan irregulares como el nuestro donde el fútbol es el protagonista ausente.
Ejemplifico un caso . Mi equipo juega bien de visitante (donde usualmente le cuesta mucho), ha errado dos oportunidades de gol pero se siente en control. Cinco minutos después en un contragolpe del equipo local se presenta un descarado piscinazo en nuestra area. El juez, lejos de la jugada, el juez sin apoyo creíble de sus líneas pita un penal. El local cobra y anota y todo el partido cambia.
El trabajo del equipo, al que le cuesta jugar bien, cuando de hecho logra jugar bien, es borrado del mapa por una decisión absurda y se pierde la fe en los resultados que otorga un buen trabajo. Si el equipo rival anota legalmente no tengo problemas, no necesito que me regalen nada, pero bajo ninguna circunstancia puedo permitir se me robe, se me quite. Claro, se me pondrá a prueba, a veces las decisiones erradas vendrán a mi favor. Ya ha sucedido antes y mis respuesta no ha sido una acorde con los ideales de justicia que aquí pretendo promover, pero aprovecho el momento en que ningún resultado se interpone y la razón habla sola.
De estos sucesos se desprenden conceptos tan detestables como la compensación y eventos tan desagradables como expulsiones de jugadores tras alegar un claro mal juicio. Como hincha, que esto suceda me llena de rabia y como seguidor del fútbol me llena de pena.
Si esta fuera una historia nueva ésta sería una columna sobre como prevenir algo que puede ocasionar graves daños al fútbol, pero es una historia tan vieja que no genera la más mínima sorpresa. Se nos ha alimentado durante décadas con que el factor humano justifica al fútbol y que querer modificar contra el sistema de árbitros es atentar contra ese mismo factor. Ya es suficiente. Aun si existen aquellos equipos tan buenos que logran sobrellevar la adversidad de un buen rival, e incluso de un buen rival y un juez en contra, esta es una virtud rara de encontrar y una de la que podemos depender para justificar y perpetuar la injusticia.
La ciencia y la tecnología existen para el beneficio del hombre, para llevarlo a acciones más precisas, ayudarlo en sus empresas difíciles, llevarlo a tomar decisiones más justas y precisas cuando las necesita. Quizás en el pasado era impensable una realidad apoyada en cámaras y ángulos para ayudar al deporte pero la realidad es que ya despertamos en el siglo XXI, las herramientas están en su mayoría listas para ser utilizadas. En inmensa cantidad de campos, buenos y macabros, desde la medicina hasta el armamento se generan “progresos” constantes y aplicaciones nuevas, pero por algún motivo (oscuramente concebido) nos fascina dejar al deporte más famoso del mundo medieval.
El deporte norteamericano dista mucho de la dinámica del fútbol, pero en pasos ejemplares hacia integrar la tecnología al juego para volverlo lo más justo posible ha dado la pauta. Las ligas de fútbol americano (NFL) y baseball (MLB) han implementado ya, con ciertas restricciones normales, usos de repeticiones para generar un mayor ámbito de justicia en los partidos, para dar a conocer que el todopoder de los jueces puede ser revisado si se considera que, como cualquier ser humano, pudo haber errado. El deporte norteamericano está entregando a la Fifa un plano que debe seguir, si esta considera que el fútbol necesita justicia, premiar el buen trabajo y penalizar a futbolistas que pretendan influir de manera histriónica en los resultados.
¿Cómo implementar la tecnología en el fútbol? Se podría pensar en un equipo arbitral que desde las alturas tenga acceso a las repeticiones y que intercomunicado con el central logren juicios correctos. Puede tomar 10 segundos, cortar algo el ritmo, probable, pero prefiero un ritmo más cortado que injusto. Se reducirían y penalizarían fuertemente los jugadores que aleguen las decisiones, ya no se discutiría con uno, se discutiría con uno en el campo y dos arriba, tres puntos de vista incontestables.
Claro, los costos de tal decisión serían altos, pero si progresivamente se piensa en ello se generarían los recursos como mínimo para poder aplicarlo en fútbol de primera división. Empezando por escenarios enormes en los que se puede hacer la inversión como en los mundiales se puede empear a propagar la cultura de un gasto en beneficio de la justicia y limpieza del juego. De una buena vez.
¿Qué pitó éste?
Interrogante de desproporcionadas proporciones, himno del Elefante Blanco que en honor a lo lindo que es el deporte y lo avanzado que es el ser humano debe dejar de sonar YA.