jueves, 8 de julio de 2010

Mundialísima Nota 6 - De odios y satisfacciones en 1ª persona.

Es extraño ver un mundial liberado de "odios", para mí lo es, y no cambiará hasta la final.

Ha sido una experiencia bonita, aunque debo confesar algo. No estoy exento de "odios". Sólo desde el momento en que Diego quedó eliminado pude ver el mundial con tranquilidad. Sí, es controvertido lo que digo considerando que vivo en Argentina estos días, pero nadie en L'Arrrgentina me lee así que no debería generarme mayores problemas.

"Mareadona" no inspira en mí el más mínimo sentido de empatía, y más allá de los afectos que he cultivado en este gran país, no le deseaba la victoria. A él. Menos aún desde que dijo haber dominado a México durante los noventa minutos. Ah soberbia, ah caída, BIEN. Los dioses del fútbol son más grandes que un ícono del pasado. Dejaremos la estadística según la cual los argentinos en su mayoría quieren que vuelve para una exploración en otra entrada.

El mundial pasado me dejé tentar por Francia y el retorno galopante de Zizou, y esto es extraño considerando que no aprecié la mayoría de los profesores -franceses- que tuve en el colegio -francés- del que me gradué. Aún con la memoria de Mr Duhault diciéndome a los 11 años que no iría a Francia por una décima en mi nota, digo: "les bleus no tienen la culpa de que ese profesor haya sido un verdadero hijo de tantas".

En un salón de la casa de mi madre, con muchos amigos vimos hace cuatro años la expulsión de Zidane, los penales y la victoria italiana. No me gustaba Italia, más allá de que hinchaba por Francia. Era odioso, como ganaba y jugaba, como jugó y ganó. Qué final desabrido, aparte, con la figura del renacer azul expulsada de fea manera.

Este mundial se ha configurado distinto. Este mundial, liberado de "odios" me ha permitido hinchar por el mejor, por el justo ganador. Empezando por la justa victoria alemana, y siguiendo por otras más.

Es una postura curiosa, muchos la pueden tildar de oportunista. Muchos como uno de mis mejores amigos que ayer me atacó personalmente cuando le mencioné que España había sido el mejor había sido justo ganador. Claro, admito que lo provoqué un poco, sabía de su odio y aproveché para gastarlo. No lo tomó bien. Yo tampoco tomé bien sus ataques personales. Qué situación curiosa.

Es claro que los odios de mi amigo no han muerto y eso lo puedo entender. Para él España es pútrido. Para mí no. La dualidad debe ser expuesta: mi amigo argumenta que es ilógico y vendido de mi parte que "odiando" al Barcelona tanto como lo "odio", pueda apreciar una victoria Española. Para mí, después de hinchar tantas veces contra ese fútbol fluido y preciso del Barcelona, esta vez sentí que era genial poder verlos (a Iniesta en particular) jugar sin el ánimo de verlos perder. Y lo fue.

Y puedo decir que me satisface que hayan pasado, no porque hinche por España, si no porque en esta copa hincho por el que mejor esté jugando y lo merezca más. Ese fue España ayer.

No siempre en el fútbol hay partidos tan claros. Hay juegos aburridos, o guerreados, hay juegos tibios e indefinidos, y ahí sería difícil definir posturas como las que ahora expongo aquí. Que gane el mejor. ¿Y si no hay mejor? Pues que gane el que desequilibre, ojalá sin ayuda de los árbitros.

Sacar esto del plano subjetivo es un pecado. Este blog es acerca de lo subjetivo en el fútbol. Mucho tiene que ver con estigmas, pre conceptos, generalizaciones, prejuicios y locuras Esto del fútbol es una locura absoluta.

Para cerrar, una perla auto inventada.

Si quiere odiar a un país, lea repetidas veces su prensa deportiva.

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