Al café & salón de pool "36 billares" de Buenos Aires llegan tres brasileros a ver el partido de su selección. Con una mirada pícara en el rostro, pero sin retar, se sientan sabiendo que la posibilidad de estar incurriendo en uno de los faux pas de esta ciudad es alta. ¿Es una imprudencia en este país hinchar por papá Brasil? Lo es. Pasaron quince minutos y nadie los atendió. Cinco minutos antes de que iniciara el partido, las dos chicas y el chico que buscaban un lugar donde ver el juego se levantaron y se fueron.
Hay lugares para ellos, los pentacampeones que sucumbirán,
y este lugar era simplemente muy tradicional.
Luego se juegan 90 minutos de fútbol y esto queda.
Brasil acaba de encargarse de Costa de Marfil con autoridad. Se pone de nuevo en la baraja de candidatos validados. El primer tiempo mostró a un Costa de Marfil impetuoso en inicio, pero que se fue cayendo en el juego adormecedor y dominante de Brasil.
Luego cayó el pase de Kaká, y Luis Fabiano con un latigazo de fuego arriba desequilibró.
El partido tuvo curiosidades. El segundo gol brasilero (2T) empezó el show extraño. Dos manos de Luis Fabiano -que no advirtieron ni el línea ni el central- precedieron la anotación; era viciada pero contó. Pero, ¿no la advirtieron? En una imagen se vio al juez hablar a Luis Fabiano sobre una posible mano... inexplicable. Si la vio tenía que pitarla, no reírse junto al delantero anotador.
Desde ahí se puso agresivo el encuentro, patadas fuertes, entradas malintencionadas, tarjetas rojas omitidas. Costa de Marfil no tuvo como detener, se vio superado y perjudicado en el segundo gol, y lo mostraba con saña.
Llego el tercero, la situación se puso peor. El juez francés fue una vergüenza y un peligro.
En las provocaciones del mal juego africano cayó Kaká, que al sentir al Brasil pateado y desprotegido quiso hacer justicia por sus manos y recibió doble amarilla.
Y luego, terminó el juego. Sí, hubo un gol de Costa de Marfil, pero el juego de verdad terminó a los 70 minutos, luego fue un circo de patadas y mal juego. Sigue la tendencia, sudamericanos dominantes, y africanos que caen fuerte.
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