No pocas veces escuchamos -o leemos- sobre jugadores colombianos que parten al exterior, y sobre cómo, después de unos meses, no logran adaptarse. Cuando nos enteramos de que perdieron su lugar en los clubes, pensamos algo por las líneas de “típico”.
Somos injustos. Claro. Es una profesión como cualquier otra; difícil. Adaptarse, salir del país, dejar amores y familia atrás por un trabajo envuelto en sueño, y un sueño envuelto en trabajo, suena tal y como debe ser: un dilema de proporciones masivas. Pero, esto es fútbol y los jugadores son gladiadores profesionales… o eso esperamos de ellos.
Entonces, imaginamos el viaje del que era una promesa; lo encontramos errante por clubes y ligas de menor relevancia, y presenciamos la inevitable extinción de la llama. Otra esperanza de un buen jugador se va al cajón. Típico, ¿no?
La historia de migración de jugadores colombianos y latinos al exterior es mezclada; unos tantos han triunfado, otros muchos han desparecido. Realidad normal bajo las leyes del talento escaso: ese que trasciende fronteras y culturas. Ahora bien, si nos detenemos a mirar el panorama hoy, tenemos que llegar a la conclusión de que aquello que por costumbre pensábamos típico, no es tal.
De los precursores colombianos en Europa destacan –entre varios- Asprilla de Parma, y el Tren Valencia de Bayern Munich; posteriormente es innegable que Ivan Córdoba estableció en Inter una vara altísima en términos de duración y profesionalismo. Y, ¿hoy?
Hay estallidos. Parece cada vez haber más. Jugadores como Cristian Zapata, Pablo Armero, Camilo Zúñiga, como Falcao, Freddy Guarín, James Rodríguez y Víctor Montaño, de actitud joven, parecen afectar positivamente sus entornos en ligas como la italiana, francesa y la portuguesa; estos jugadores están mostrando el paso que sigue a la adaptación.
Es un talento enorme y una inteligencia: adaptarse, luego influir. Argentinos, uruguayos y brasileros vienen haciéndolo por años.
Juan Guillermo Cuadrado ha demostrado ser un gran jugador de fútbol, sin embargo, no ha logrado el nivel que lo separe de los suplentes. Marco Pérez, después de un periodo de adaptación, tuvo momentos gloriosos en Gimnasia y Esgrima de La Plata; posteriormente llegó a Zaragoza donde -hasta el día de hoy- no ha logrado adaptarse, jugar, influir. Necesitamos que estos dos jugadores, junto a muchos otros, tengan el carácter para saber que siguen en el juego, a pesar de las horas zonas grises.
Teófilo Gutiérrez es un caso interesante. Corrió con suerte, lo salvó su pasado. Si sus números no hubieran sido impresionantes antes de llegar a Turquía, los inversores jamás se hubieran jugado por él. Jamás se hubiera liberado de sus obligaciones con el Trabzonspor; club, que vale la pena decir, depositó su confianza en él y con todo derecho le exigía algún sentido de responsabilidad.
Historia patria. Ahora en Racing vive un momento de efervescencia, del cual esperamos se siga alimentando para seguir anotando. Se salió con la suya por ser talentoso. Ahora que se siente cómodo de nuevo, anota de nuevo. El futbolista es especial, como cualquier otro trabajador.
Casos pasados y presentes en Sudamérica.
En Perú, la historia de Reimond Manco sigue generando titulares; una de tantas que dictan que si los pies no están bien puestos sobre la tierra, es difícil no volarse, y desperdiciar un talento increíble en el proceso. Por sus matices únicos, la historia es especial, pero el subtexto es común a muchos futbolistas de toda Sudamérica.
El joven -hoy de veintiún años-, fue elegido en 2007 como mejor jugador del sudamericano Sub-17 de Ecuador, y viajó posteriormente al PSV Eindhoven. Los medios no dejaron el hecho pasar desapercibido, y llegaron a proclamar al jugador como el “salvador” de la selección Inca. A globo inflado de expectativas, desenlace rápido: regresó sin gloria de Holanda, cargando la cruz de haber ‘fallado’.
De vuelta a Perú, Manco fue parte de demasiados escándalos para su corta edad. Por salir a jugar al casino sin permiso, Sergio Markarían lo vetó de la selección Peruana, y pasó por infortunados episodios como un temprano y bullicioso divorcio, muchas fiestas y varias relaciones maltrechas, hechas públicas en tabloides.
Intentos por reiniciar su carrera en Juan Aurich, y su innegable talento, le valieron el pase al club Atlante F.C; pero Cancún demostró no ser la mejor opción para el joven, dada su propensión al goce.
En 10 de marzo, Manco fingió haber sido secuestrado para justificar una llegada tardía a entrenamientos. Esta “idea” le costó su trabajo con el Atlante. La posibilidad es latente de que, como le sucediera a Ariel Ortega, le sea prohibido jugar durante un año. La historia del “pastorcito mentiroso” jamás resonó tanto.
El jugador sudamericano tiene que contar con armas para enfrentar esa gran dificultad. Saber mantener la calma, cuando llegan el dinero y la atención. Es un reto que no todos logran sobrellevar. Y repito, injustas palabras son, pues no hay profesión que escape de esta realidad; pero esto es fútbol.
En una entrevista para The South American Football Show, la joven promesa del fútbol venezolano, Yohandry Orozco (Wolfsburgo – Alemania / Selección Venezuela), nos contó cómo atraviesa el periodo de adaptación en Alemania:
“Me siento bien. Tengo un lindo apartamento aquí en Wolfsburg y vivo con mi padre. Siempre fue un sueño el poder vivir afuera. Pasaba horas pensando en un futuro en Europa, y estar aquí, ahora, es increíble. La ciudad agradable, y tiene todo lo que uno puede necesitar”.
Yohandry tiene 18 años, vive con su padre. Fue la figura de su selección sub 20 en el torneo que tuvo lugar en Perú hace meses, y ahora vive la adaptación, para luego influir. Si logra adaptar su espíritu de Maracaibo en Wolfsburg, si su padre lo guía y lo mantiene enfocado en lo importante… habrá esperanzas, pero no es una lucha fácil.
¿De qué lado terminará? Interesante será averiguarlo. Una pieza más en el rompecabezas impredecible del talentoso jugador latinoamericano, fuera de sus cómodos alrededores latinos.
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