miércoles, 23 de marzo de 2011

Sobre las dos ligas más fuertes de Sudamérica. Pasado y presente.

Desde el inicio lo digo: discutir sobre cuál es la mejor liga, o la más competitiva en Sudamérica no vale la pena. Lo secundo de inmediato, discutir sobre qué liga es la mejor implica enfrascarse en un debate que pierde de vista una verdad difícil de refutar: cada liga tiene una magia particular, ligada al presente distinto y distante que vive.

El fútbol argentino, tomando una línea propia de Les Luthiers,
dice ¡Suéltame pasado!.


Algunos describen el campeonato argentino como el de mayor ritmo, fricción y espectáculo; otros, como el renombrado periodista de La Nación, Ezequiel Fernández Moores, piensa que hoy el enfoque está puesto en lo atlético antes que en lo futbolístico, y este hecho no representa desarrollo alguno.

Según Moores, con un jugador retirado -amigo suyo- llegaron a una conclusión: “En el pasado, hace 10 años, tomabas la alineación de cualquier equipo y te encontrabas con 5 o 6 muy buenos jugadores. Hoy, miras cualquier alineación de equipos de primera y te encuentras sólo con uno o dos muy buenos jugadores. El resto son corredores. Se aplica un estilo muy atlético de jugar ahora, la batalla es la prioridad”.

Conociendo el rigor de su periodismo y lo soportada de sus opiniones, refutar a Moores no ha lugar, pero lo que puede variar -subjetivamente- es la carga positiva o negativa que damos al presente que él expone. Para quien ve fútbol y disfruta de esta dinámica atlética, por poco lírica que pueda ser (porque no es automático que implique un fútbol desagradable), ¿existe el rótulo de ignorante?

No, no caben los juicios en un cosmos en el que a todo tipo de gente le gusta el fútbol, todo tipo de gente lo analiza, y todo tipo de fútbol gusta a todo tipo de gente. El técnico de Gimnasia y Esgrima de La Plata, Ángel Cappa, es de los abanderados de que “a la gente le gusta el fútbol bien jugado”. Sí Ángel, pero ¿quién es la gente?

De nuevo, no estar de acuerdo con esto es difícil, pero esto no significa que otro tipo de fútbol vaya a dejar de ser admirado y/o valorado, así sea demasiado atlético o combativo. La cuestión es dónde, como analistas, comentaristas y/o periodistas se destaque la virtud: bien jugado, planteado, administrado, analizado, ejecutado. Variantes hay miles: una de ellas, la ausencia de virtudes.

El torneo argentino está condenado por su pasado para quienes insisten en la nostalgia. Insisto, esto no implica negar que la mediocridad existe, sin embargo plantarse en la otra orilla resulta igual de extremo. Vemos que este es un fútbol intenso, que incorpora talentos extranjeros (bien sabemos el amor que le profesan a los colombianos que triunfan, hoy siendo Teófilo el más ‘caliente’), y que todavía muestra jugadores desequilibrantes en las filas de sus clubes.

Talentos como David Ramírez, que pareciera sufre un periodo de adaptación fuerte en Vélez, pero que mostró grandes gestos en torneos pasados con Godoy Cruz, y chicos como Erik Lamela de River Plate, dan base a la idea de que siguen existiendo motivos para ver."

El título conseguido por Argentinos Juniors en el Clausura 2010, reivindicó que a pesar de intenciones de propagar una crisis ligada a los clubes grandes, el fútbol argentino sigue produciendo una mezcla especial de tenacidad de inspiración. Todo para quien lo quiere ver. Los clubes formadores siguen formando, la luz sigue encendida.

Este clausura ha visto el renacer de la ‘Academia’ de Avellaneda. Racing Club ha sabido capotear la pérdida de Gio Moreno gracias a lo que se puede llamar -con todo derecho- un proceso serio de Miguel Ángel Russo; la espontánea e inmediata combustión goleadora de Teófilo ha sabido ser un condimento especial. Queda mucho tiempo y la pregunta, ¿no hay interés?

A la gente, Ángel, puede que también le guste un torneo interesante. Los espectadores ganan, los tiempos cambian.


El fútbol brasilero, “amor por el presente”.

La posición del 10 es venerada en Argentina y en Brasil. Motivos sobran para esta devoción a la posición, pero hemos de anotar con curiosidad que de los cuatro enganches argentinos de mejor presente en Sudamerica, tres juegan en Brasil.

Darío Conca fue campeón del Brasileirao 2010 con Fluminense, equipo que no celebraba título hacía 24 años. Andres D’Alessandro contribuyó a que Inter de Porto Alegre se coronase de nuevo campeón Copa Libertadores en 2010, y por último, Walter Montillo, que después de una gran Libertadores con la Universidad de Chile pasó a Cruzeiro de Belo Horizonte, llevó a su club al subcampeonato de liga, y sin lugar a dudas es motor del club que mejor fútbol ha mostrado en la Libertadores 2011.

El enganche activo más ganador a nivel de clubes en Sudamérica, Juan Roman Riquelme, milita en Boca Juniors, pero a pesar de toda la gloria con la que cubrió los colores del tradicional club porteño, ahora parece más un lastre que una solución, no obstante, hace un año Corinthians buscó sus servicios sin importar el costo.

El hecho duro que se desprende de estos hechos es este: los clubes que han obtenido grandes resultados el último año han mezclado confianza (caso Conca) con un selectivo “talent drain” (drenaje de talentos) de futbolistas argentinos (D’Alessandro, Guiñazú, Bolatti, Montillo). ¿Factores clave? Dinero y estilo de juego.

Dinero, pues hablamos del marco del momento que vive Brasil económicamente. Las expectativas que genera son producto de buenas prácticas, y no hay razón por la cual el fútbol escape a esta realidad. Si a su estatus de cuna inagotable de talento futbolístico, se le suma la posibilidad de adquirir creadores argentinos de primer nivel, el resultado no es improvisado. Estilo de juego, pues la presión y parámetros de juego son distintos en ambos países: Brasil otorga más espacios.

Marcos Lavieri, periodista paulista, argumenta que si bien el país tiene falencias estructurales que preocupan de cara al mundial de 2014, a nivel de estrategias los clubes sorprenden. Hoy retienen a sus talentos, pueden darse el lujo de esperar y verlos dar réditos localmente, incrementando a la vez sus valores. Neymar, la joven estrella de Santos y del recién disputado Sudameriano Sub 20, es el caso más notable de un jugador que cinco años atrás hubiera partido a Europa.

Pero hay más, porque soleados son estos días en el fútbol brasilero. Los regresos de jugadores que militaron en Europa como Elano a Santos, Ronaldinho a Flamengo, y Rivaldo y Luis Fabiano al San Pablo, son claras muestras de que las ofertas económicas ahora resultan suficientemente atractivas para que estos jugadores lo piensen y regresen. Estas olas impactarán la liga a nivel futbolístico y a nivel de interés: ganan los espectadores.

El dominio de los clubes guiados por enganches argentinos será disputado fuertemente este año, al menos en la Serie A. San Pablo surge como favorito al contar con un cuarteto de ataque conformado por el joven y rápido Fernandinho, Lucas (la ‘otra’ gran promesa joven de Brasil), y los más experimentados y peligrosos Dagoberto y Luis Fabiano.

En la Libertadores, Cruzeiro e Inter de Porto Alegre, que sumó a dos argentinos internacionales más (Fernando Cavenaghi y Mario Bolatti), son indiscutibles favoritos.

Balance

Los momentos de estas dos ligas contrastan a muchos niveles, pero para quien valora las muestras futbolísticas y culturales de ambos países, y las reconoce en lo que se ve en las canchas, el interés vive.

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