
Desde "la popular" de San Lorenzo el partido luce visible, permite un análisis completo. Cuando traté de seguir un partido desde las tribunas populares en Bogotá la cosa fue distinta, no vi realmente nada del juego.
A grandes razgos, el partido transcurrió dividido en dos tiempos, obvio. Me refiero a que fueron diametralmente opuestos. En el primero parecía que Argentinos empezaba con empuje, pero después de los primeros 10 minutos fue San Lorenzo el que tomó la pelota; sin mucha ductilidad, pero con ánimos y empuje dominó las acciones del minuto 10 hasta el 45, anotando un gol al minuto 40 (tras remate de Bordagaray y rebote de Peric, Alfaro la encajó en la red) y atropellándole momentáneamente el sueño de campeonato al Bicho.
Argentinos sorprendía porque más allá del oficio sin fin de Mercier, otorgó la pelota dando la impresión de ser un equipo sin pretensiones de título. Y no, no lo era. Ortigosa tuvo un par de apariciones, como es costumbre, pero el equipo lucía estancado. Por las huestes azulgranas, el Burrito Rivero fue importante en la contención y en el armado del juego de San Lorenzo. Resultó ser -sin que esto sea sorpresa- el más claro con la pelota..
Para la segunda mitad las cosas cambiaron radicalmente. El burrito Rivero, quizás cansado, o protegido en su primer partido después de retornar de una lesión dejó el terreno. Dio paso al uruguayo Pintos y la verdad fue difícil determinar qué misión tenía: ni marcó bien, ni produjo ataques. Hay que aclarar que con la salida de Rivero el Ciclón pareció caer en amnesia colectiva, en parte por su culpa, y en parte porque para la segunda mitad el Argentinos de Borghi había ya caído en cuenta de que había un campeonato por luchar, y un rival que había hecho mucho gasto en la primera parte.
El técnico del Bicho no se mantuvo quieto y envió dos substituciones al terreno: Pavlovich y Dominguez entraron, y no desentonaron. De hecho, si con algo cumplieron fue con potenciar el agudo instinto goleador de Ismael Sosa, que se vistió de verdugo del Ciclón, empatando el juego a los 21 del ST y luego, poniendo el sello final, con una gran definición a los 40 de ST. Dominguez serviría el centro para el primer tanto, y Pavlocich se encargaría de inquietar la frágil defensa de San Lorenzo para abrir espacios a Sosa. Ambas jugadas surtieron tremendo efecto y dan testimonio de lo bien que se repusieron un equipo y un técnico de un horrible y pasmoso primer tiempo.
Así pues, los hinchas de la paternal estallaron en fiesta, independientemente del hecho de saber que Estudiantes ganaba también. Para ellos --claramente- este equipo es un fiel representante de lo que les gusta ver, y la verdad que para quien admira el buen fútbol, más allá de la camiseta, fue muy disfrutable.
Desde la popular de San Lorenzo la gente no dejó de alentar, para nadie era un secreto que Argentinos había sido en general el mejor equipo, así que los cantos siguieron, sin enfocarse mucho en la performance del equipo. Y la banda de los ninjas casi no se va, en medio del júbilo de haber sacado A en un partido áspero, de visita en una cancha dura como el Gasómetro.
Alejandro Pérez
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