
Al minuto 43 llegó el gol de Inter. Naturalmente cayó como un baldado de agua gélida por toda la cancha de Quilmes. 3 minutos después el juez pitó el final, y el campeón defensor quedó eliminado del torneo.
La pelea entre Desábato y Abbodanzieri alimentó con insultos las gargantas frustradas de los hinchas de Estudiantes de La Plata, y a uno que otro arquero suplente del Inter que aprovechó para practicar su taekwondo. Él también quiso nutrir la fábula según la cual cada que un equipo argentino sale de la copa, se arma un "quilombo bravo".
... y entre comentarios de la vergüenza del episodio violento, segundos después, se pudo escuchar desde el periodismo televisivo "nada se le puede reprochar a este equipo".
¿Nada?
El escenario es el siguiente: un equipo con recambio, figuras, triunfos y partidos importantes en el 2009, en 2010 se jugó todo por el todo; quiso abarcar dos torneos, ganarlos ambos. Parecía tener como lograrlo. Luego, vino el desenlace que dictaminó las virtudes y las culpas.
A dos fechas del final del Clausura, estaba en la punta y a la vez luchaba en cuartos de final de la Libertadores. Todo para ganar, y todo para perder. Frente a un equipo que luchaba por mantenerse en primera (Rosario Central), Estudiantes dio el primer paso hacia la muerte anunciada... por las abuelas que desde siglos han dicho: "El que mucho abarca poco aprieta".
De todos los jugadores, a su capitán hay que responsabilizar de cambiar el curso de las energías. Verón lanzó un codazo irresponsable y se hizo expulsar en ese clave partido. Influyó directamente en el resultado: inspiró al portero de central, entorpeció la definición en las oportunidades de gol de su equipo. El capitán rompió el balance.
No es que este equipo no pudiera jugar sin Verón, pero no cabe duda de que la expulsión lo desequilibró. Con Verón en cancha ese partido no terminaba 0-0, y no hubiera importado si a última hora, en la Paternal, Argentinos Juniors no hubiera remontado un 3-1 arrebatándole punta y torneo.
En ese punto, mientras el plan de estirar la "mística del León" a niveles impensados implosionaba, es posible que Sabella pensara "cometí un error"; como Ícaro, el sol empezaba a ver lejos al sentir sus alas derretirse.
Me pongo en los pies de un hincha pincha. Claro, Verón lo dio todo siempre, y no se le puede tocar, es tremendo jugador. Y el equipo dio muestras de ser un tremendo equipo, incluso en sus duras derrotas. Aún así, queda el sabor de un año en el que teniendo uno de los mejores equipos de América (sino el mejor) se quedó sin celebrar.
Por quererlo todo, obtuvo manos vacías. No pan, no queso.
..."nada se le puede reprochar a este equipo", decían en televisión y quizás tuvieron razón.
Si bien Alejandro Sabella ha dado muestras de ser un gran ser humano, y un gran profesional (¡los llevó a ganar la copa!), yo reprocharía su ambición, con un ala se hubiera podido tocar el sol.
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