¿Se piensa luego se existe? La costumbre que por años se ha encoñado en la Copa Libertadores de América es que se pierde, luego se pelea. Ese es el juego latino, tan disputado y caliente que los jugadores deben pelearse al terminar el juego para evitar cometer un crimen afuera de ella. Obvio que es justificable, obvio. ¡Es por el bien de todos!
Una nueva trifulca en Libertadores es el diario en suscripción llegando cada mañana a casa: la noticia es que no aparezca. ¿Quienes son los sospechosos de esta vez/siempre?
Analicemos en frío: la trifulca se desató en La Paternal, cancha Diego Armando Maradona, Buenos Aires, Argentina; allí Argentinos Juniors fue dolorosamente eliminado por Fluminense de Rio de Janeiro, después de recibir el gol que lo eliminaba, de penal dudoso, al minuto 87’. Haciendo alusión al comediante norteamericano Chris Rock, “no estoy diciendo que han debido pelear… pero entiendo”.
Luego del pitazo del juez colombiano, los brasileros se abrazaron y fueron a despedirse del rival. El gesto gallardo empezó 'gallardamente', sin embargo un gesto y una palabra encendieron la mecha: un empujón surgió, un puño conectó, una patada voladora impactó; dos minutos luego el caos fue imparcial. La policía, ya dentro del terreno, no sabía a quién proteger de quién, mientras que algunos jugadores -de ambos equipos- pateaban casi a ojo cerrado. Otros mostraban una cara de terror.
En las tribunas había bastante público de Fluminense, el partido de alta importancia los llevó a Buenos Aires; el ambiente adentro estuvo caliente, ¿qué efecto pudo tener sobre la gente? Pelea o no, los cariocas salieron victoriosos, y hay que averiguar si los seguidores de argentinos se fueron en su mayoría tranquilos a la casa. Los “Ninjas” no suelen ser barras (muy) violentos, pero los jugadores no se pelean todos los partidos tampoco. Hubo leves disturbios que jamás hubieran tenido lugar de haber clasificado argentinos.
Volvamos a la pelea. No fue de esas aquellas en que el juez recibe un ‘jab’, esas que dan miedo por la suerte que vaya a correr ‘el central’. La clásica trifulca de Libertadores es “jugadores contra jugadores”, con el posible ingrediente extra de acción policial. Casos se han visto también de directores técnicos protagonizando episodios de choque-town: el jalón de pelo de Fernando Castro a Hussaín de River Plate es parte del salón de la in-fama que através de este escrito vamos revisando.
Bienvenidos a la Copa Puños y Patadas de América del Norte y Sudamérica, pues no es raro encontrar que un equipo mexicano esté involucrado. La peor trifulca de los últimos años tuvo lugar en el Estadio Azteca en 2006. Tal caos hubo esa vez que si hubieran aparecido llamas, nadie se hubiera escandalizado. America fue eliminado por Saô Caetano, y aguantar los bailes de victoria de los modestos brasileros fue demasiado para los hermanos mexicanos. Escenas dantescas siguieron.
Suele haber equipos brasileros involucrados. Suelen verse peleando, de visita. Si juegan tan bien, pues que se defiendan con los puños, o que no celebren alegremente, como les gusta. ¡Hay que saber ganar!
Argentinos, Brasileros y Mexicanos son los sospechosos de siempre, qué le podemos hacer. Las mejores peleas las hacen entre ellos. Esto no significa que no haya registro de pelea entre equipos de otras procedencias. Cómo ‘provocación’ pueden ser interpretados cualquier cantidad de gestos, pero al final de cuentas, la Libertinos de América demuestra que no se sabe ni perder ni ganar, en especial, si se viene de países con mucha tradición futbolística.
Somos tan sensibles los latinos, y tan ‘calientes’, que otro capítulo más para los anales de You Tube, y el placer de quienes disfrutan la reacción de alguien que pierde en una situación límite, es simplemente parte de la historia. Una historia, bajo todo ángulo, justificable.
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