El primer torneo argentino que tengo la oportunidad de seguir paso a paso, se verá interrumpido una vez más. Las eliminatorias no tienen nada que ver, sí la política. Se llevarán a cabo las elecciones argentinas de legisladores, diputados regionales y nacionales, y por este motivo 15 días separan la penúltima fecha de la última, donde todo se decide. La impaciencia para un hincha de Huracán o Vélez va a ser algo difícil de manejar. Todo está por jugarse, el marco está listo, pero antes el país elegirá a sus dirigentes.
¿Qué es más importante? Sin duda el fútbol. Para los enfermos del fútbol. Pero no sólo para ellos. Las campañas siguen su curso, los debates tienen lugar, el ambiente se siente cubierto por un manto de incredulidad generalizada: en los políticos y en los partidos.
Me pregunto cuantos hinchas de Vélez o Huracán saldrán a votar motivados el 28. Los imagino simplemente esperando a que todo termine para enfocarse en el partido más grande del torneo.
Desde el 73 el Globo no sale campeón, se ubica en lo más alto de la tabla, mirando de reojo a su próximo rival, Vélez, que a un punto se ubica. El juego que se viene es una final clásica, enmarcada por la circunstancia y la suerte, en un torneo corto todos contra todos. La divina providencia escogió que para la última fecha se encuentren los únicos dos actores vivos de la historia. No pude pedir mejor escenario. En cancha de Vélez, todo o nada, campeonato para uno, o para el otro. Alguien da la vuelta.
La tarde en que Colombia perdió 1-0 contra Argentina, asistí a un asado de la mutual de veteranos del club Huracán. Ha sido de las experiencias más bonitas de mi vida por la gente que encontré y por como me trató. Puedo decir entonces, que he estado en el barrio del Parque de los Patricios. Me he dado cuenta de que es un club especial. No tiene triunfos numerosos para dárse crédito. Se describe como un sentimiento fuerte, pero familiar. Es gente que está viviendo esto como un sueño, y por esto espero que Huracán se lleve el trofeo. El sexto grande necesita de su segundo título. Su gente lo necesita más que la gente de Vélez, que hasta Libertadores ya ha celebrado.
Lamentablemente, en medio de las fiestas siempre existen los malos tragos. Mientras ayer los jugadores derrotaban 3-0 a Arsenal de Sarandí, sectores de la hinchada se agredieron. Repito, sectores de la misma hinchada de Huracán se agredieron y provocaron una ola de violencia que continuó afuera del estadio, con el horrible resultado de dos personas muertas. La fiesta del club, que en la cancha orquestaban los jugadores, se veía empañada por la conducta asesina de desadaptados. Se dice que eran ladrones, que habían entrado a la cancha para "afanar". Fueran lo que fueran, entraron, arruinaron lo que era una tarde para la familia que es el club y terminaron con la vida de dos personas.
Sí, hay muertos. Y hay elecciones. Temas, inseguridad, etcétera.
Pero Huracán es puntero, y se enfrenta a...
Vélez ganó su último título en el año 2005. El equipo que dirige Ricardo Gareca demuestra una personalidad tremenda: sostuvo un invicto supremamente largo, perdió pocos juegos y volteó muchos resultados. En la fecha de ayer, con un hombre -importante- menos, logró empatar el partido en Lanús contra Lanús, hasta ese momento tercer candidato al título. Lo eliminó de la lucha y se estableció en la posición que cualquier equipo sueña: debe ganar en su cancha para ser campeón.
El deporte, la sociedad, la vida no dejan de entremezclarse casi harmónicamente. Alegría, tristeza, victoria y muerte. Y en el medio, elecciones.
Aguante Huracán.